Existen paraísos fiscales y otros escondites que, sin necesidad de ser un paraíso, sirven para distraer. Por ejemplo, Luxemburgo es un respetable miembro fundador de la Unión Europea pero días atrás el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, aseguraba que el muy honorable señor Juncker (en la imagen) había accedido, una gran victoria, a responder a las preguntas que le enviaran desde España sobre defraudadores que utilizaban Luxemburgo como base de operaciones para eludir al Fisco. Lo hará, eso sí, a partir de 2015, porque antes tiene que preparar la salida a los defraudadores y sobre todo, cambiar el modelo de negocio. Si ustedes me entienden.

Hablamos de uno de los países fundadores de la Unión Europea, un país más rico que modélico, al que pocos se atreverían a llamar paraíso fiscal, aunque participa de la idea clave de todo paraíso fiscal: la opacidad.

Y su primer ministro, hasta hace un mes presidente del Eurogrupo, era nada menos que el muy ilustrísimo Jean Claude Juncker, el hombre del Eurogrupo.

Pero el problema no son sólo los paraísos fiscales, sino los bancos dedicados a ejercer de paraísos fiscales. Entre ellos, mi favorito es el mayor banco del mundo, el HSBC. De vez en vez los servicios secretos de un país, en colaboración con la Hacienda del mismo, deciden sobornar a algún empleado bancario, un método efectivo para descubrir defraudadores. Lo hicieron los alemanes y los franceses. Un método limpio y eficaz.

Ahora vivimos un caso judicial interesante. ¿Qué hacemos con los chivatos ¿Les aplaudimos por combatir el fraude fiscal o les conocemos por lealtad al banco

En cualquier caso, la autoridad es, sobre todo, ejemplaridad. Si la autoridad defrauda, eso sí, con toda la fuerza de la ley, dando lecciones de cómo deben hacerse las cosas en economía. Se lo explico: los fraudes deben ser, ante todo, legales y deben ser ejecutados, ante todo, de forma institucional.

Miren ustedes, que Luxemburgo sea un paraíso fiscal, está mal. Que le señor Juncker responda a peticiones de información asegurando que será bueno a partir del uno de enero de 2015, el eterno presidente del Eurogrupo, es como para cambiar de país. O De continente.

Eulogio López

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