El juez Marlaska asegura que los miembros de la familia Real no tienen que poseer mayor protección jurídica que cualquier ciudadano. En primer lugar, con la excepción del Rey, no la tienen. Pero vamos con lo que es y luego con lo que debería ser. Sí, el Rey es inviolable. Del Rey abajo, ninguno. A ver, la Reina, el príncipe heredero, la esposa del Príncipe heredero, las infantas, sus familiares tienen menos privilegios jurídicos que cualquier diputado autonómico. Pueden ser juzgados y condenados como Juan Español y mucho menos que la clase política.

Lo que ocurre es que en España nos ha dado por juzgar a todo el mundo, especialmente a cualquiera que tenga relevancia social, política o económica. Con esto se ha creado un ambiente en el que cualquiera es culpable mientras no demuestre lo contrario. Uno comprende que la crisis y los casos de corrupción real duelen especialmente en tiempos de crisis, pero esto no debería acabar en cacería del hombre... que es en lo que está acabando.

Y en este proceso los jueces caminan en cabeza. Ya he dicho que temo más al Gobierno de los jueces que a los políticos... que ya es decir.

Iconoclasta que va cargada de patriotismo. Por ejemplo, la patrona de la energía fotovoltaica, que ha vivido y vive de la subvención pública, no sólo se conforma con demandar al Gobierno por pretender quitarles la sopa boba sino que, además, amenaza con lanzar mensajes muy apreciados a los que nos dedica Financial Times: acusa al Gobierno español de inseguridad jurídica, algo que no anima a invertir en España, precisamente.

Hasta el mismísimo Leo Messi (en la imagen), el mejor futbolista del mundo, se ha convertido en un ángel caído: un peligroso delincuente fiscal al que las redes sociales ya comparan con el inefable Luis Bárcenas, quien, al mismo tiempo, ya nos parece la cuadrilla de Luis Candelas en su totalidad manifiesta, en lugar del extesorero de un partido político, casualmente en el Gobierno.

España es un país que sólo sabe de guerras civiles. El enemigo nunca es el extranjero, sino el vecino de descansillo. Y los extranjeros, naturalmente, se frotan las manos y se aprovechan de la continua pelea entre españoles. Si a este antipatriotismo le unimos esa manía iconoclasta que pretende condenar a cualquiera que haya despuntando en su campo, mucho me temo que vamos a gastar demasiados esfuerzos y demasiados odios guerracivilistas. Y eso no ayuda.

Por cierto, esa iconoclasia se da en la izquierda y en la derecha y al final provoca la desvertebración de España. No parece muy inteligente.

Eulogio López

[email protected]