Decíamos ayer, que el salvamento de Irlanda había sumido a Europa en el caos. Mientras, las autoridades españolas y europeas aseguraban que España nada tenía que ver con Irlanda (como hace dos meses Irlanda no tenía nada que ver con Grecia) la Bolsa de Madrid se derrumbaba un 2.68% -y el martes sigue bajando más que el Eurostoxx50- y el Gobierno español se veía obligado a pagar un 90% más por su deuda a corto.

Al parecer, los mercados -los mercados no existen, sólo existen los mercaderes- están tan tranquilos que ahora van a por Portugal y a por España.

¿Por qué? Sencillo: los especuladores perdón, los intermediarios de los inversores- saben que Europa no dejará caer a nadie: ni a Grecia ni Irlanda, ni a Portugal, ni a España ni a Italia. Los gobernantes alemanes y franceses no pueden hacerle ese feo a sus bancos, que detentan el ahorro de muchos inversores, que se cabrearían mucho si pierden su dinero.

En otras palabras, tras el error norteamericano de salvar a sus bancos de la crisis -imitado por Reino Unido y por Suiza entre otros- ahora los gobernantes Europeos, especialmente Angela Merkel, comete el mismo error pero no con la deuda privada, sino con la deuda soberana, que es un pez mucho más gordo: en lugar de dejar quebrar a los gobernantes irresponsables que han creado una burbuja aún más peligrosa que la burbuja financiera privada: la pública. Y no es peor porque sea pública sino porque es mucho más gorda.

¿Cuándo se terminará con este círculo vicioso? Pues cuando se deja caer al banco quebrado (recordemos que esto lo ha pedido hasta el mismísimo Botín) y cuando se deje caer el país quebrado. Es la única forma de que los banqueros dejen de jugar con el dinero de sus clientes y los gobernantes dejen de jugar con el dinero de sus contribuyentes.  

Eulogio López

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