Las cámaras digitales acabaron con el papel fotográfico. Un imperativo técnico como otro cualquiera para acabar con un negocio y, maldita sea, con la bonita costumbre de los álbumes de fotos familiares de toda la vida.

Con el sector inmobiliario, que está en apuros, no va a pasar lo mismo, pero tiene que espabilar para sobrevivir o no estar demasiados años aletargado. El director general de la Sociedad de Tasación, Juan Fernández-Aceytuno, da una idea sugerente: aumentar la colaboración entre turismo y construcción para, por ejemplo, rehabilitar. Los primeros darían una oferta de más calidad y los segundos superarían el impasse. Renovarse o morir.

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