Dos artículos, el uno en El Mundo, a cargo del siempre discreto Jorge de Esteban, el segundo en El Economista, firmado por el profesor del Derecho del Trabajo, Juan Carlos Arce, ambos sobre la polémica creada por el diario El País, acerca de la presunta incompatibilidad del nuevo presidente Francisco Pérez de los Cobos. Me ha gustado más el segundo porque es un artículo que trata de discernir lo que es bueno o malo, mientras el competente, no lo dudo Jorge de Esteban, se queda con lo que es legal o ilegal. Y lo legal no siempre es justo ni lo ilegal resulta siempre injusto. Lo que ocurre es que como hemos dejado de creer en la verdad y, por lo tanto, en la justicia, tenemos que aferrarnos a las leyes y a las sentencias, ambas bastante falibles.

Es curioso que el expresidente del Tribunal Constitucional (TC), Pascual Sala, el masón y más que sectario presidente saliente del Tribunal Constitucional, obtuviera la aprobación de las fuerzas mediáticas mientras que su sustituto se haya visto obligado, de entrada, a defenderse en lugar de a sentar jurisprudencia, que es lo suyo.

Resulta que De los cobos militó en el Partido Popular, y eso, según El País, es inadmisible. Pascual Sala no militaba en el PSOE, pero apoyó leyes tan aberrantes como la política abortera del PSOE desde sus más diverso cargos, el gaymonio o la legalización de los batasunos... y todos sabemos lo que nos han traído esas lindezas de don Pascual.

Asegura el profesor Arce que en otros países -Estados Unidos, Suecia, Italia, Francia- a nadie le importa que un juez esté afiliado a un partido político. Incluso se les anima a ello. Porque los jueces no pueden no pensar en política, como no pueden no pensar en religión o en fútbol. De ser así, entonces sí que me preocuparía. O como asegura Arce: "Los jueces no son de piedra y piensan y votan y tienen opiniones políticas". En otras palabras, a un juez no se le puede pedir neutralidad o una aplicación literal de la ley. Eso el robot de Google podría hacerlo mucho mejor. A un juez hay que pedirle ecuanimidad, que es algo bien distinto y que, como virtud ética, sólo podemos ejecutar los seres humanos.

Ahora bien, en lo que no estoy de acuerdo con Arce es en su defensa de que esa politización 'buena' de la política, suponga un cheque en blanco para que sean los políticos quienes nombren a los jueces. Ahí discrepo. Si a los políticos les elige el pueblo a los jueces también.  Y ello en la doble vertiente de lo que llamo justicia popular: que el pueblo elija directamente a los que juzgan y que sean jurados populares los que dictaminen la mayor parte de casos posible.

Y esto porque sólo hay algo a lo que temo más que al gobierno de los políticos, y ese algo es el gobierno de los jueces profesionales. Me aterra. En cuanto contemplo jueces como Pascual Sala, Javier Gómez Bermúdez o Baltasar Garzón, lo tengo clarísimo.

Eulogio López

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