Todos lloramos en Copenhague donde la delegación Madrid 2016 se la jugaba. Pero ninguno llegamos a rezar para que la candidatura española fuera la ganadora.

Ninguno menos el pío alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, quien confiesa haber elevado sus plegarias por la victoria. Y he aquí el primer milagro de San Olimpo: no la obtención de los Juegos sino las preces del alcalde.

Gallardón es un católico español, un hombre que no es de ayer ni de mañana, sino de la misma cepa hispana, de esos fieles dispuestos a dar su vida por Dios pero no la cartera o el cargo. El mismo alcalde que se arrodilla a besar el anillo pontificio casa homos, reparte píldoras abortivas a preadolescentes o exige a los medios eclesiales que aplaudan sus iniciativas. Pero ya lo ven: un guiño al electorado cristiano más tonto -sí también lo hay, la fe asegura sabiduría pero no instrucción- y dada la macedonia mental en la que habitamos un porcentaje nada despreciable de hombres de la calle, el asunto  San Olimpo no tiene buenas relaciones con Santa Coherencia.

Lo de Obama ha sido mucho mejor. El presidente norteamericano y su esposa Michelle aludieron a la diversidad, la multiculturalidad y la modernidad para convencer a los miembros del COI de que optaran, mismamente, por Chicago.

Entre católicos incoherentes y chamanes de la nueva iglesia ecopanteísta para mí que va a suceder un milagro en Copenhague.

Eulogio López

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