Sr. Director:

Es cierto que, naturalmente, no se puede desconocer la angustia o la preocupación en la que por diversos motivos se encuentran algunas mujeres, sobre todo jóvenes, que se plantean el aborto como un modo de "terminar" con un problema (embarazo no deseado, presión familiar o del padre del engendrado, posible enfermedad congénita del embrión, etc.).

Pero de ninguna manera esto u otras circunstancias justificarán un aborto. El progreso social consiste también en arbitrar las medidas para ayudarles en esas circunstancias.

Estas consideraciones son independientes de las creencias religiosas que se tengan, porque proceden de lo más básico de la ley natural: hacer el bien y evitar el mal y por tanto respetar la vida de todo ser humano inocente. Si además tenemos en cuenta la ley de Dios -¡"No matarás"!-, de la que la ley natural es su expresión humana, aún cobra más valor la persona, por su dignidad de hijo de Dios y por su destino eterno.

Por lo que se refiere a la Iglesia, por lo que tengo entendido, ésta acoge, comprende y perdona siempre al que incurre en el aborto -el que aborta y los que hacen abortar-, siempre que pida perdón; y eso aún teniendo en cuenta que por la gravedad de este hecho el cristiano que aborta incurre en la excomunión, salvo que ignore que este pecado lleva aneja una pena especial.

En fin, todo el perdón y la ayuda para el que aborta, pero la desaprobación total para el aborto.

JD Mez Madrid

jdmezmar112@gmail.com