Llegan buenas noticias de la Casa Blanca, donde el presidente Donald Trump ha anunciado que planea instalar una estatua de Cristóbal Colón. En concreto, la escultura se ubicaría en el lado sur del complejo presidencial, junto a la calle E y al norte del parque de la Elipse.

La noticia no es baladí. Para empezar, la escultura no es nueva. Se trata de una reconstrucción de una estatua de Colón que fue inaugurada en Baltimore por el expresidente Ronald Reagan. La misma fue arrojada al puerto de la ciudad en 2020 durante las protestas por la muerte de George Floyd, que sirvió como caldo de cultivo para que grupos como Antifa y Black Lives Matters extendieran la violencia y llegaran al poder. 

Tras la destrucción de la escultura, un grupo de empresarios y políticos italoamericanos impulsó un proyecto para recuperarla. Las piezas rescatadas fueron reconstruidas gracias a una combinación de donaciones privadas, fondos de organizaciones benéficas y subvenciones federales. Ahora, será trasladada a la Casa Blanca. 

No es la primera muestra de Trump en este tipo de políticas: en 2020, condenó la retirada y destrucción de estatuas. Un año después, incluyó a Colón en una orden ejecutiva para la creación de un Jardín Nacional de los Héroes Estadounidenses. Y en este segundo mandato proclamó el 13 de octubre como Día de Colón, cargado de significado, dado que durante la pasada Administración de Joe Biden y Kamala Harris, el presidente Biden transformó tal celebración en el “día de los pueblos indígenas”, para promover el indigenismo radical al que se abonó gran parte del Partido Demócrata.

El mensaje es claro: el mundo hispano es una prioridad para la Administración Trump-Vance, destacando precisamente la elección de Marco Rubio como secretario de Estado, convirtiéndose no sólo en el primer hispano en ser jefe de la diplomacia estadounidense, sino también en el hispano que ha alcanzado el cargo más alto en política en la historia de Estados Unidos. Es más, Trump ya lo señaló como próximo vicepresidente del país. Y el enfoque de Rubio ha sido claro: sellar alianzas con los gobiernos de la región que defienden los valores tradicionales y cristianos, y confrontar a los regímenes bolivarianos.