El secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, es conocido en el cuartel general de la Alianza y de la Unión Europea, es decir, en Bruselas, como el pelota de Donald. Es más, no suelen expresar el término pelota, sino otro mucho más despectivo y, comprensible en distintos idiomas. Se supone que para responder a tales diatribas, el bueno de Mark ha dicho que le importan un bledo las críticas y que si alguien piensa que Europa puede defenderse, se supone que de Rusia, sin el paraguas nuclear norteamericano, es que le gusta soñar. 

Pues mire usted, señor Rutte, si Europa (500 millones de habitantes) no sabe defenderse de una Rusia de 150 millones de habitantes, mejor que lo deje. 

Lo lógico es que si Europa necesita defenderse de Rusia, tendrá que crear su propio paraguas nuclear. 

Rutte parece olvidar que la OTAN tiene 32 países miembros, con 1000 millones de habitantes. De ellos, EEUU aporta 350, no más, a lo que conviene añadir que Norteamérica tiene dos océanos, no uno: el Atlántico y el Pacífico. Y en el Pacífico, Washington cuenta con un enemigo mucho peor que Rusia: China. 

En todo caso, aceptar el servilismo norteamericano es algo que sólo se le puede ocurrir... a Mark Rutte, máxime cuando Donald Trump no está pidiendo nada extraño a los europeos. Lo que les está pidiendo es que aprendan a defenderse por sí solitos, algo que suena bastante razonable.