El balance del pasado fin de semana no puede resultar más desolador. Irán sigue utilizando sus drones, segmento en el que es una de las grandes potencias, y ha conseguido hacer daño en el propio Israel -al menos a seis heridos, uno grave-, en Arabia -dos muertos- mientras la entrada de Israel en Líbano y el bombardeo de Beirut ha provocado no menos de 25 muertos.
Y a pesar de las promesa del presidente Iraní, Masoud Pezeshkian, que manda poco, Irán sigue disparando contra todo lo que se menea, incluida Azerbaiyán, los verdugos de los cristianos armenios, mientras presiona a la OTAN y a Europa disparando contra Turquía -poco- y contra Chipre, mucho.
Claro que tiene que andarse con cuidado, porque está despertando a gigantes neutrales, en principio neutrales. Por ejemplo, a los kurdos, por ejemplo a los turcos.
Nunca se había bombardeado tanto Beirut. Es verdad que Hezbolá es sólo un poco menos terrorista que Hamas pero está claro que al terrorismo utiliza a los civiles como escudo... ergo no se puede combatir desde el aire
Ahora bien, lo cierto es que la guerra de Irán se complica. La Casa Blanca quería hacer un Maduro: destrono al líder y todo caerá por sí mismo, un táctica que ha tenido un éxito colosal en Venezuela, pero que no parece que esté dando los mismo resultados en Persia.
Y así, Mojtaba Jamenei, hijo de Alí Jamenei, es el nuevo líder Supremo de Irán. Eso significa que los ayatolás más bestias siguen mandando en el país. Al tiempo, no se ve un gobierno alternativo que pueda ejercer el poder.
Y no olvidemos que cuando Estados Unidos ha iniciado la guerra no se trataba de reducir la capacidad militar persa, el gran soporte del buen parte del terrorismo mundial, sino de democratizar Irán o, al menos, de introducir un camino hacia la libertad.
El ejercito norteamericano se está sacrificando por todo Occidente, ciertamente, y eso es de agradecer, pero esto no significa que acierte siempre. Por de pronto, se les olvidó preparar el recambio. Quizás creyeron que encontrarían otra Delcy -con todos sus riesgos- y no la han encontrado.
Encima, Teherán -también Israel, no lo olvidemos- han conseguido expandir la guerra a todo Oriente Próximo, es decir, que la guerra avanza hacia Asia y de Asia no puede venir nada bueno para la civilización cristiano-occidental la única que puede salvar al mundo.
Y lo peor es que si Donald Trump se derrumba, se derrumbará con él la única esperanza de regeneración del mundo, que es la esperanza cristiana. Esperanza que, desde luego, no saldrá de la degenerada Europa
Qué me dicen de Líbano que en su día fuera el país cristiano de Oriente próximo, el único país cristiano: nunca se había bombardeado tanto Beirut. Es verdad que Hezbolá es sólo un poco menos terrorista que Hamas pero está claro que al terrorismo no se le puede combatir desde el aire. Esa fue la lección de Gaza que nos ha costado mucho aprender... pero volvemos a tropezar en la misma piedra. La guerra del siglo XXI es guerra terrorista: el agresor asesina y luego corre a esconderse detrás de la población civil, detrás de sus propias familias, a quienes utiliza como escudo.
Y lo peor, es que si Donald Trump se derrumba, se derrumbará con él la única esperanza de regeneración del mundo, que es la esperanza cristiana. Esperanza que, desde luego, no saldrá de la degenerada Europa.
Es decir, que esto se complica. Ahora, Washington se verá obligado a intensificar los bombardeos que matarán a más civiles, porque la primera medida de los ayatolás fuer enviar a su casa a los miles de fanáticos que componen la guardia revolucionaria iraní. Así, estos fanáticos, soporte del régimen iraní, en lugar de dar la cara, vigilarán a sus desarmados vecinos y si los norteamericanos quieren acabar con ellos tendrán que hacerlo desde el aire, casa por casa, y entonces morirán muchos inocentes.
No necesitamos más bombardeos: necesitamos un gobierno iraní que tome el relevo de Mojtaba Jamenei.











