El lunes 29 de junio, 25 personas, entre ellas su presidente, la socialista María Belén Gualda González, eran imputados por el Caso Leire Díaz, que ni es fontanera ni es cobarde.
Insisto, 25 directivos de la SEPI, lo que demuestra que, en la tenedora de acciones públicas del Sanchismo, antes presidida por el inefable imputado Vicente Fernández, no hay corruptos sino que todo el aparato es una pura corrupción tirando a hedionda.
Pero no pasa nada, Pedro Sánchez continúa en Moncloa, y le supongo deseoso de que surjan más escándalos, cuantos más mejor, porque esto se ha convertido en un pudridero y en cuanto añadimos otro cadáver diluimos el impacto del anterior difunto, de forma que, cuantos más fiambres se acumulen, menos hablará la gente de la corrupción de Pedro... sencillamente porque nadie podrá recordar tanta miseria.
Un pudridero es la cámara donde se depositaban los cadáveres antes de pasar al panteón. Pedro Sánchez se ha convertido en algo peor que un político corrompido: es un corruptor de todos y todo lo que le rodea, es el rey del pudridero, con cadáveres zombies que continúan adulando al líder mienta las miasmas les absorben.
En su egolatría, don Pedro se ha convertido en algo peor que un político corrompido: es un corruptor de todos y de todo lo que le rodea
Me llama la atención que entre esos cadáveres que aplauden, figuren tantas mujeres, porque una de las virtudes de la feminidad es la capacidad para resistir el artificio maligno de convertir el bien en mal. Una mujer puede ser igual de malvada o corrupta que un hombre, e incluso permanecer en el mal más que el hombre, incluso ser más consciente y reincidente en su malignidad pero es mucho más resistente: sabe que hace mal y sigue haciéndolo, incluso puede caer en la desesperación, pero la feminidad es más resiliente, como se dice ahora, que la masculinidad a la suprema perversión de convertir el mal en bien y el bien en mal.
En toda la etapa democrática y tampoco en el Franquismo, donde la corrupción era menor en cantidad y calidad que en la actual etapa sanchista, nunca se había llegado a tal extremo de descaro institucional, donde opera la blasfemia contra el Espíritu, es decir, que Pedro Sánchez ha logrado convertir lo malo en bueno, la corrupción en honradez progresista, el robo en solidaridad y la mediocridad en excelencia. En resumen: el mal convertido en bien y la verdad en mentira crónica.
Las imputaciones en la SEPI, tenedora de acciones del Gobierno, ponen en solfa las nacionalizaciones encubiertas de, por ejemplo, Telefónica e Indra
La exhibición de mentiras sobre nuestra economía es otra prueba de la degeneración macilenta del régimen sanchista. Carlos Cuerpo, que antes de que le premiaran con la vicepresidencia primera era un personaje tratable, se ha convertido en un mentiroso que repite capaz de convertir la alucinaciones en conclusiones. Por ejemplo, la alucinación de que somos líderes en creación de empleo cuando somos el país de Occidente con más parados
A su vez, la imputación de ayer de la plana mayor de la SEPI pone en solfa todo el proceso de nacionalizaciones encubiertas, ya de por sí grave, iniciadas en Moncloa por otro personaje siniestro del Sanchismo: Manuel de la Rocha. Hablo, entre otros ejemplos, de las nacionalizaciones encubiertas de Telefónica y algo menos encubierta de Indra, que hoy celebra Junta General.
Sánchez es algo peor que un corrupto: totalmente endiosado, se ha convertido en el profanador de cualquier principio ético. No es que justifique el mal: es que pretende convertir el mal en bien. Y son muchos los que le aplauden... aunque sólo sea para mantener el cargo
En resumen, no sólo es el hedor moral que emana del Sanchismo, sino la precitada blasfemia contra el Espíritu, final del trayecto de degradación moral, cuando el mal se convierte en bien y el bien se convierte en mal, la verdad en mentira y la mentira en verdad, la fealdad en belleza y la belleza en fealdad. Sí, Pedro Sánchez trata ahora de convencernos de que con él vivimos el mejor de los tiempos posibles, cuando lo cierto es que vivimos en el peor, porque lo malo se ha convertido en bueno y lo bueno en malo. Esto ya no es corrupción, es degradación perversa, pues este genial profanador que es Pedro Sánchez Pérez-Castejón se ha convertido en un genial maestro a la hora de convertir la mentira en verdad.
¿Va a cambiar Pedro Sánchez? No, su egolatría le impide aceptar que el corrompido es su partido y el corruptor es él. Sánchez no se va, a Sánchez hay que echarle.










