Grande-Marlaska, uno de nuestros peores ciudadanos y personaje ligeramente retorcido. Lleva siete años como ministro del Interior y ha convertido las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado en un auténtico patio de monipodio donde conviven los amigos del Gobierno Sánchez y sobreviven los que quieren ejercer como policía independiente.

Veamos: cuando seguíamos sin saber por qué dimitió su mano derecha, el secretario de Estado de Interior, Rafael Pérez, que casualmente abandonó antes de que estallarán las presiones del Gobierno Sánchez sobre la UCO de la Guardia Civil, nos enteramos ahora de que el número dos de la Policía Nacional, José Ángel González, bien conocido por haber sido la cara de la policía en las ruedas de prensa del Covid, ha dimitido: una subalterna le acusa de que intentó violarla y un juzgado ha acogido el caso y le ha llamado a declarar.

Samuel

 

El caso es que lo juzguen los jueces pero su significado va más allá. A ver si nos entendemos: si usted se tomara un café con algún policía nacional o guardia civil es muy probable que se lo explicara así: Marlaska ha logrado conquistar la Policía Nacional con el nombramiento de un director general, Francisco Pardo, sanchista de pro -no hay más que ver sus intervenciones en el Congreso, siempre favorables a La Moncloa-, y con un mando operativo, el DAO (director adjunto operativo), el que hace y deshace en el cuerpo, que es el ahora acusado José Ángel González. Un hombre siempre fiel a sus mandos políticos y con ese aire de 'soy muy bueno obedeciendo, así que le prohibo que dude usted de mi rectitud de intención'.

¿Sería esto suficiente para que, por higiene democrática, que diría El País, dimitiera Marlaska? Por supuesto que sí, pero tranquilos, no lo hará. Apenas tres horas antes, Marlaska estaba en el Senado con su prepotente discurso, que se resume así: Yo lo he hecho muy bien y la derecha hizo muy mal, porque las plantillas han crecido. 

Cada vez que escucho al ministro del Interior me acuerdo de que la ecuanimidad es la principal virtud de un juez y que mucho ha cambiado este personaje para haber pasado de juez de la Audiencia Nacional a sectario ministro del Interior. ¿O es que no ha cambiado y hay que revisar su pasado como magistrado?

En todo caso, la Guardia Civil todavía resiste el descabezamiento que pretende... uno de nuestros peores ciudadanos. La Policía Nacional no resistió nada y su dirección se convirtió, desde el primer momento, en el brazo represivo de Pedro Sánchez. ¿Va a cambiar algo en el Sanchismo? Absolutamente nada. Sánchez vive momificado en La Moncloa, en un mundo paralelo donde todos le siguen haciendo la ola.