
Pedro Sánchez ha vuelto de vacaciones -ruego reparen en este punto- y lo primero que ha hecho ha sido convocar el Consejo de Seguridad Nacional, con tan sólo 25 días de retraso tras la invasión de Ceuta.
Un Consejo muy oficial pero que, generalmente, lo preside el Jefe del Estado. Preside, pero no convoca. Lo convoca Moncloa, sí que el Rey no fue convocado, entre otras cosas, porque se le ha negado su presencia en Ceuta y porque la postura del monarca Felipe VI es que había que haber expulsado a todos los que invadieron Ceuta.
De esta forma, el presidente del Gobierno fuerza el conflicto institucional, mimando la opción que le puede llevar a repetir en Moncloa y de lo que ya hemos informado en Hispanidad: forzar un conflicto con el Rey con vistas al establecimiento de la III República. Y si no se logra, es igual, el conflicto rejuvenecería al Sanchismo, sumido en etapa marginal por mor de la corrupción.
Dejando a un lado el feo al monarca, que siempre ha presidido dicho Consejo (pandemia, guerra de Ucrania, apagón), ¿ ha salido algo en limpio del Consejo de Seguridad?
Sí, han nombrado, oficialmente, a Ángel Víctor Torres, el masoncete oficial del Ejecutivo, ministro de autonomías y ejecutor de la Memoria democrática, en calidad de coordinador jefe del Mando único para la situación en Ceuta. Se trata de uno de los ministros más inútiles de todo el Gabinete. Esto marcha.
¿Y medidas propiamente dichas? Ninguna: no se expulsará a nadie de la ciudad autónoma (como pide Bruselas y quiere el Rey) ni se militarizarán Ceuta y Melilla.
Todo ello, mientras ese chico tan majo, llamado Mohamed VI, utilizaba la Fiesta del Profeta para hacerle decir a su ministro de Asuntos Religiosos, que Ceuta y Melilla son "ciudades ocupadas"... naturalmente por España.
Lo dicho: esto es una guerra de religión, entre un tirano islámico y una España que ha decidido abjurar de sus principios cristianos. Es fácil prever el resultado.
Lo que no entiendo es la táctica de Pedro Sánchez: demasiado profunda para mí.













