Irán no es Venezuela. ¿Es Maduro un dictador? Sí, efectivamente y de la peor calaña, pero nada comparable con el fanatismo islámico. El expresidente estaba encantado en el poder haciendo y deshaciendo a su antojo, pero hasta él tenía sus límites. Sin embargo, para los Ayatolás no existen los límites. Son los mismos que unas semanas antes de que empezara la guerra estaban masacrando a su propia población en las calles durante las protestas ciudadanas. Para entendernos, el islam pone a su gente de escudo humano, sin importar cuántos mueran en el camino, con tal de que perviva la causa superior: el fanatismo del régimen. Esto es demasiado incluso para Maduro. 

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lo hizo de cine en Venezuela: entrar, nos llevamos al dictador, mínimas bajas y el pueblo contento y celebrando. Ahora sólo falta la segunda parte: conseguir un Gobierno legítimo que no robe a los venezolanos. La cuestión iraní es muy distinta y aquí Trump ha fallado, la guerra no tiene fin porque a los islamistas les importa bien poco que el republicano amenace con el botón nuclear.

Y sí, Trump puede haberse equivocado y ahora está intentando salir lo mejor parado de este avispero absurdo, pero tonto no es, sabe que esto puede costarle caro a nivel político. Es decir, él no puede volver a presentarse a un nuevo mandato, ya ha cumplido sus ocho años, por lo que no se juega la reelección, pero es consciente de que el trumpismo va más allá de sí mismo. 

El trumpismo es su legado y el futuro del Partido Republicano y eso tiene que salvarlo, como sea. Si él y los máximos representantes del trumpismo caen, el New Age Republicano volvería y el MAGA desaparecería de un plumazo. ¿Y cómo lo hace? Pues alejando de la polémica a su ticket electoral, su vicepresidente, JD Vance, y su secretario de Estado, Marco Rubio. 

Con la cuestión venezolana, también con Cuba, tanto Rubio como Vance estaban en todo: declaraciones, ruedas de prensa, fotos, Situation Room... Pero con Irán, como decimos, la puesta en escena es completamente distinta. A Trump sólo le acompaña su ministro de Guerra, Peter Hegseth, mientras Rubio y Vance aparecen en solitario en asuntos que nada tienen que ver con el conflicto. Es más, la última vez que se vio a los tres juntos fue en las celebraciones por el Día de San Patricio. Desde entonces, lo único que se ha filtrado, muy oportunamente, es que Vance y Rubio estarían en contra de las actuaciones de Trump en Irán, de su unión con Netanyahu y de sus decisiones. Para escenificarlo, Rubio continúa con su agenda diplomática y solo insiste en que no permitirán un armamento nuclear en manos de Iran, y Vance enviado a Budapest para apoyar a Orbán ante las elecciones, y sin salir hasta esta madrugada, y porque Irán ha acabado con el alto el fuego.