
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, una marxista indigenista, ha boicoteado el viaje a Mexico de la presidenta mdrileña, Isabel Díaz Ayuso, con modo de república bananera. Sheinbaum tiene un país sumado en la ley del rifle, donde mandan, como acertadamente acusa Donald Trump, narcoterroristas. Una violencia creciente que se ceba con los más débiles y que a doña Claudia le importa un pimiento.
Ahora, eso sí, que llegue una española valiente y defienda a Hernán Cortés, eso sí que no puede permitirlo.
Hasta ahí todo estaría en orden, sino fuera porque Pedro Sánchez un personaje sin escrúpulos y, lo que es peor, sin límites, y toda su mariachi de ministros sin límite, se han lanzado contra Ayuso y en defensa de la venenosa Sheinbaum: "Va a dar lecciones de Historia y ha acabando dando vergüenza ajena". Sí, lo dice Sánchez sobre Ayuso, su obsesión patológica, no sobre la caradura/majadera de Sheinbaum.
La verdad es que después de escuchar al Rey de España pedir perdón por "los abusos", cometidos por los españoles en México, bueno, ya no extraña nada en la España del Sanchismo.
Todo esto en una España donde el alirón del Campeón de la Liga española se perpetra con un Barça, regido por un separatista, que recibe al equipo español, al Real Madrid, con el himno de Cataluña. Y todo ello no implica que los jugadores del Barça se peguen por acudir a la Selección española en el próximo mundial.
Zapatero devolvió a España al guerracivilismo y con Sánchez el guerracivilismo se ha convertido en norma.
Sólo recordar aquí que la vileza de Sánchez no sería posible sin el envilecimiento del pueblo español que ha perdido sus principios, que son principios católicos.










