
En Hispanidad ya hemos repetido que mientras Isabel Díaz Ayuso no modifique su política respecto al aborto, es decir, mientras no defienda la persona desde la concepción hasta la muerte natural, dudamos mucho que un católico consecuente pueda votarla. Sin derecho a la vida, no existe ningún otro derecho.
Ahora bien, en esta ocasión, toca aplaudir a la presidenta madrileña. Ayuso se ha ido a México, a día de hoy, sede de la Leyenda Negra anti-española, a proclamar un mensaje verdadero y valiente: España evangelizó México y creó el mestizaje de la raza hispana: un caso único entre los procesos de colonización. De hecho, lo nuestro no fue una colonización sino una evangelización, la primera globalización y la primera muestra, con Isabel I de Castilla, de lo que hoy llaman algunos, mal llamado, derecho internacional y que en el Codicilo de la reina Isabel, así como en todas las leyes de Indias, inspiradas por la Escuela de Salamanca y por la monarquía española de Carlos I y Felipe II, dejan claro que el indio es igual al español porque ambos son hijos de Dios.
También exportamos nuestra lengua, que hoy es la lengua católica por antonomasia y convertimos Hispanoamérica en la envidia del mundo.
Por tanto, cambiar la historia, como hace la indigenista Claudia Sheinbaum, presidenta de México, no sólo es mentir sino también ofender. Representa la marca de nuestro tiempo, la blasfemia contra el Espíritu Santo: llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno.
Hernán Cortés liberó México del yugo de Moctezuma y otros asesinos en serie y sólo obtuvo éxito militar contra un enemigo muy superior en número porque muchos indígenas esclavizados por sus jefes vieron en los españoles su salvación... y encontraron su salvación.
Naturalmente, Sheinbaum ha reaccionado con rabia. Su meloso, a la vez que iracundo, tono de voz frente a Ayuso, recuerda y resume la crueldad azteca.
Ayuso ha dado una lección de cómo se defiende la formidable labor de España en América: sobre el terreno y frente a la venenosa indigenista doña Claudia: lo cierto es que España evangelizó y, atención, civilizó un México cruel, caníbal y satánico. Nadie como Mel Gibson, ha sabido captar, en 'Apocalipto', lo que suponía aquella sociedad de salvajes que era el indigenismo americano: un mundo repugnante, donde el ser humano se consideraba un bien contingente.
De paso, sería bueno que el amigo Núñez Feijóo tomara nota y siguiera el camino de su subordinada. Por ejemplo, frente a Sánchez, quien está profanando la obra cumbre de España, la Hispanidad, mintiendo sobre la historia y traicionando a su patria.
Precisamente, esa debería ser la oportunidad del jefe de la oposición. Ayuso no sólo le marca el camino a Feijóo, sino también al profanador Pedro Sánchez, especialista en profanar lo mejor de la nación que gobierna, y al aturdido y cobardón Felipe VI, que cede ante la espantosa pantomima de Sheinbaum y ante la miserable leyenda negra antiespañola.
Termino con una sonrisa: RTVE -el enemigo está dentro y se llama José Pablo López-, presentó la defensa de Ayuso sobre la labor de España en el Nuevo Mundo, como un, cito textualmente, "atentado contra la soberanía mexicana". Sí, es para reír, porque no vamos a llorar, ¿verdad? José Pablo, como su jefe directo, Pedro Sanchez, sencillamente no tiene límites.
No me gusta lo que piensa Isabel Ayuso pero sí me gusta lo que dice y dónde y cuándo lo dice. No le votaré mientras no cambie su postura sobre el aborto, pero no puedo dejar de admirar su valentía, de la que carecen el Rey o el presidente del PP. Y encima, aquí, doña Isabel anda sobrada de razón.











