Seguimos con los tópicos globales, mentiras que calan 'jondo' y... a nivel mundial, lo que tiene su enjundia. El discurso sobre el Estado la Unión, de Barack Obama (en la imagen), nos muestra por dónde camina el llamado capitalismo financista y progresista, probablemente el sistema económico más anticristiano, el que nos conduce al Estado servil. De hecho, en una segunda oleada de crónicas sobre el alabado Obama, este es el concepto más utilizado: un discurso progresista. Se ve que los progres quieren salir de algo tan vulgar como el "abajo los curas y arriba las faldas", que es lo que mejor define al progresismo, para recuperar algo en lo que nunca han creído: la justicia social. 

Lo importante no es el libre mercado, ni la libre empresa, sino la propiedad privada pequeña (PPP)

Pues bien, la clave bóveda -como le gusta repetir a nuestras señorías- de esa definición del discurso obamista es su promesa de instaurar un nuevo impuesto para ricos y para bancos. Con ello recaudarían unos 320.000 millones de dólares, lo que le permitirá reducir los impuestos a los asalariados y aprobar políticas sociales… que siempre hace bonito.

Ahora bien, lo progresista no debiera ser subir los impuestos a los ricos sino bajarlos a todos y dejar en paz el bolsillo del pueblo. Lo justo es respetar la pequeña propiedad -que es lo que marca al hombre libre-.

Por las mismas, la diferencia entre justicia e injusticia social no pasa por lo público y lo privado sino entre lo pequeño y lo grande. Lo pequeño, la pequeña propiedad, es buena porque la gran propiedad, es impersonal e ingobernable… y siempre abusa de lo pequeño. En otras palabras, el Estado no es malo por ser público: es malo porque es grande. Incluso los bancos no son malos por ser bancos. En principio, la banca realiza una espléndida labor social: los bancos son malos porque tienden al monopolio, a usurpar todo el dinero de los demás. Y los fondos, la nueva invención del capitalismo, son mucho peores que los bancos. El Estado, como los bancos, como los fondos, sobre todo los fondos, que no se someten a regla alguna, juega con el dinero de los demás, mientras el pequeño propietario, las familias, siempre pequeñas, juegan con el dinero propio. Eso es lo que distingue a las personas de las instituciones: las personas y las familias se juegan su propio dinero.

Y todo ello se resume en las palabras de Chesterton, ya citadas en las pantallas de Hispanidad: ¿Qué más me da que todas las tierras del condado sean del Estado o sean del Duque de Wellington? El caso es que no son mías.

Sigamos con Obama: pretende basar su progresismo en otro tópico: lo público, sea el Estado o sean las grandes corporaciones.

De todas formas, el progresismo de Obama, al igual que los progres europeos, confunden liberalismo con capitalismo de Estado. Pero el capitalismo de Estado no es propiedad privada, sigue siendo dinero de los demás. El liberalismo defiende la propiedad privada pero individual o familiar. Es decir, la PPP: pequeña propiedad privada. Otra vez Chesterton: "Una cosa es la empresa privada y el libre mercado y otra la propiedad privada. Si no distinguen entre ambos, reparen en el carterista: puede ser un defensor de la libre empresa y del libre mercado, pero no se le podrá considerar un defensor de la propiedad privada, ¿verdad?

Y si con todo, volviendo al discurso de Obama, hay que pechar con una subida de impuestos, recuerde que el impuesto menos malo es el IVA, porque a las personas no hay que juzgarlas por lo que ganan sino por lo que gastan. ¿Qué más me da que un señor gane mucho dinero si al final todo lo invierte en crear riqueza y no en gastárselo. Grávale cuando se dedique a consumir. Y duramente si consumo lujo.

Así que no sé si Obama está girando a la izquierda pero debe ser a la izquierda de los republicanos pero lo que sí sé es que seguimos girando alrededor de tópicos globales.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com