Decíamos que la ingeniería asturiana TSK había despertado el interés de posibles inversores de Norteamérica, Oriente Medio y China. Ahora, el ingeniero industrial Sabino García Vallina (79 años), quien la sigue presidiendo y cuya familia controla la mayor parte del capital (el 84%, concretamente), quiere mantener el control, pero busca socios para financiar el plan de crecimiento y lo hará con dos movimientos: ampliación de capital y salida a bolsa, según informa Cinco Días.

Recuerden que TSK lleva más de un año pensando en su venta total y parcial, aprovechando el interés que generó en posibles inversores de Norteamérica, Oriente Medio (entre ellos, los fondos soberanos QIA, PIF y Adia) y China (incluyendo, por ejemplo, a China Enginering Energy Group -CCEC-, que conoce el sector de la ingeniería y hace unos años compró otra empresa española del sector, EAG (Empresarios Agrupados-Ghesa), que era propiedad de Naturgy, Iberdrola y Técnicas Reunidas). En abril de 2025, no escondía la búsqueda de un socio al que dar entrada en el capital.

Ahora, meses más tarde, TSK ya tiene el respaldo de varios bancos (JB Capital, Alantra, Santander, Caixabank y Banca March) para lanzar la salida a bolsa a mediados del próximo mayo, con una tasación de 500 millones de euros. Todo ello, tras realizar una ampliación de capital por 150 millones, y fuentes del mercado apuntan a la posibilidad de que Corporación Financiera Alba y Criteria Caixa podrían participar en la colocación de acciones.

García Vallina, considerado un socialista moderado, busca socios para financiera el plan de crecimiento de TSK, pero sin perder el control de la ingeniería, manteniendo una participación relevante, así como la continuidad del equipo directivo, los empleos (más de 1.500) y la sede social en Asturias. Dentro de la cúpula, García Vallina tiene colocados desde hace tiempo a sus dos hijos: Joaquín y Beatriz García Rico. Joaquín (52 años)empezó su carrera profesional en British Telecom y se incorporó a TSK en 1999 y ha ido ocupando distintos cargos, llegando a ser nombrado CEO en 2013. Por su parte, Beatriz (48 años) trabajó antes en Crowe Howarth y en Duro Felguera, entró en TSK en 2008, pasando a ser su directora financiera en 2012, y actualmente, a esta última responsabilidad se suma el cargo de vicepresidenta ejecutiva. Por tanto, la sucesión parece que está bastante encaminada en la ingeniería asturiana y se apuesta por crecer en transición energética, descarbonización y digitalización. 

García Vallina y sus hijos, Beatriz y Joaquín García Rico

Recuerden que hace unos años, TSK sonó para hacerse con el control de otra ingeniería asturiana, Duro Felguera, de la que aún conserva una mínima participación (inferior al 3%, por lo que no tiene obligación de detallarse en la CNMV). Está última, ahora controlada por mexicanos y portugueses sigue en dificultades... a pesar de haber recibido rescate público de la SEPI. Claro que García Vallina también entró en Sniace en 2019, llegando a ser su principal accionista con una participación cercana al 30%, pero las cosas no le salieron bien: perdió su inversión con la liquidación de la papelera en 2020.