
Tras la reciente Junta de Accionistas de Repsol, en la que se volvió a defender que todas las tecnologías son necesarias, la compañía prosigue su revolución tranquila apostando por todas ellas, incluyendo la producción y exploración de petróleo. Y prueba de ello se ve ahora en el inicio de la producción de petróleo en Pikka (Alaska, EEUU).
Se trata del primer proyecto de desarrollo de la compañía que preside Antonio Brufau y dirige el católico Josu Jon Imaz en Alaska, donde está presente desde 2011. Pikka es un ‘megayacimiento’ del que controla el 49%, pues el 51% restante está en manos de la energética australiana Santos. Ambas compañías anunciaron la inversión de unos 2.555 millones de euros para el desarrollo de Pikka en agosto de 2022, estando al frente de la Casa Blanca el demócrata Joe Biden, un activo que supuso el mayor descubrimiento de petróleo en el país de los últimos 30 años.
Ahora se ha conocido que se han cumplido los plazos que se dieron cuando se anunció dicha inversión y que arranca la producción. De hecho, se prevé llegar a producir 80.000 barriles brutos al día de petróleo en el tercer trimestre del año y empezar a recibir los primeros ingresos por ventas en dicho periodo, con los socios (Repsol y Santos) alternando los envíos de cargamentos.
El CEO de Repsol, Josu Jon Imaz, ha señalado que “hace unos años tomamos la decisión estratégica de desarrollar este activo, descubierto por la propia compañía en la región del North Slope. Hoy, esta apuesta empieza a dar sus frutos”. Asimismo, ha añadido que “la entrada en producción de Pikka contribuirá de forma decisiva a revitalizar la producción petrolera de Alaska tras décadas de declive y consolidará al proyecto como un importante centro de producción en la zona”. Un hito que refuerza el compromiso a largo plazo con el desarrollo energético en EEUU, especialmente en Alaska, y cabe destacar que la producción de Pikka equivaldrá al 19% de la producción actual de dicho estado, aportando los primeros nuevos volúmenes significativos de crudo en décadas, lo que contribuirá a revitalizar la industria, crear empleo y estimular la economía local.
En la primera fase del proyecto Pikka se han perforado 28 pozos de desarrollo y una vez termine, habrá 45 pozos operados desde una única plataforma de perforación, así como una planta de tratamiento de agua marina, un centro de operaciones remoto y oleoductos asociados a la infraestructura existente en la zona. A la actividad de producción al alza, se suma el crecimiento en exploración: el pasado noviembre, ya con el republicano Donald Trump ejerciendo su segundo mandato al frente de EEUU, se adjudicó 45 nuevas concesiones de explotación en una ronda estatal en Alaska, a las que se han sumado otras 42 el pasado marzo en la última ronda federal.
Cabe recordar que en dicho mes, Repsol actualizó su estrategia para el periodo 2026-2028. En lo relacionado con el negocio de Exploración y Producción (más conocido como Upstream dentro del argot del sector petrolero) se mantiene la estrategia de apostar por la calidad y la rentabilidad, así como por la reducción de la intensidad de carbono. Tras haber reducido su exposición de 18 a 10 países, centrándose en los de mayores ventajas competitivas y posibilidades de crecimiento, la energética estima unas inversiones de 2.600-3.000 millones, de las que el 80% se centrarán en EEUU, con el objetivo de llegar a producir 580.000-600.000 barriles equivalentes de petróleo al día. Y para llegar a dicha cifra entrará en operación la primera fase de Pikka (estado de Alaska) y se incrementará la producción en Leon-Castile (Luisiana), Marcellus (Pensilvania) y Eagle Ford (Texas).












