Como se preveía, la Junta del BBVA, celebrada este viernes en Bilbao, fue larga, con 14 intervenciones de accionistas en vivo y en directo y otras tres telemáticas. Paréntesis: efectivamente, no tiene nada que ver lo presencial con lo virtual y la CNMV debería exigir la presencialidad en las juntas.

Los accionistas -y los sindicatos- están preocupados por el juicio del caso Villarejo, en el que el banco se sentará en banquillo de los acusados y podría ser condenado. La Fiscalía ya ha pedido una multa de 181 millones de euros. El primero que habló de ello fue Luis del Rivero: “Deberían pensar si no es bueno que, para ese juicio oral que viene próximamente, dieran un último servicio al banco dando, quizá, un paso atrás”, afirmó, para luego citar los nombres concretos: Carlos Torres, José Miguel de Andrés, Jaime Caruana, Belén Garijo, Lourdes Máiz, Ana Peralta y Jan Verplancke.

Según Del Rivero, de los 15 consejeros del banco, estos siete, incluido el presidente Torres, vienen de la etapa anterior en la que Villarejo mantenía una relación profesional con el BBVA.

“Quiero recordar que cualquier cambio que ha habido en los últimos años en la cúpula del banco ha tenido que ver con el caso Villarejo”, argumentó.

No fue el único que sacó el tema, pero a Torres le dio igual, porque en su turno de réplica ni siquiera hizo mención al asunto, a pesar de ser, probablemente, lo más relevante que debe afrontar el banco durante los próximos trimestres. La clave: ¿quién se sentará en el banquillo, en representación del BBVA? El que sea, podría acabar en prisión. ¿Será el propio Carlos Torres? De momento, no dice ni mu. Tampoco quiso responder a la proposición de un accionista de que las penas recaigan sobre el patrimonio de los responsables y no sobre el del banco, es decir, el de los accionistas.

Por supuesto, la fallida OPA sobre el Sabadell tuvo también protagonismo, sobre todo, el coste de haber removido todos los recursos del banco en España durante más de un año, con todo lo que eso implica. “El coste no ha sido material”, respondió Torres, que insistió en que es una etapa cerrada. Efectivamente, don Carlos, no ha sido material, sino reputacional.

En esta línea, el representante del sindicato ELA le afeó que el fracaso no tuviera ninguna consecuencia para la cúpula, incluido él, mientras que sí hay consecuencias para la plantilla cuando no cumplen objetivos.

En cualquier caso, más de uno temía despidos si la OPA hubiese triunfado. “La plantilla respiró tranquila tras el fracaso de la OPA”, afirmó el representante de CGT.

Tampoco se libraron de crítica los sueldos de Torres y Onur Genç. Los cálculos de la plantilla: Torres gana en un año lo que un empleado medio del banco ganaría en 200 años. Pues eso.