La bombona de butano es considera como la ‘energía de los pobres’ porque es la más barata dado que el cliente sólo paga por lo que consume. Sin embargo, también se encarece, pues este martes sube un 4,9%, a 16,35 euros, y ya suma dos alzas consecutivas en lo que va de año.

Ahora no se anota un ligero incremento del 0,7% como sucedió el pasado enero, sino uno cercano a su límite máximo (5%). Los motivos se deben al fuerte aumento de los fletes (o sea, el transporte) en un 16,6% y al incremento de las materias primas -butano y propano- en un 3,2%, así como a la leve apreciación del euro frente al dólar (+1,2%), según han informado fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Eso sí, aún está lejos de los 17,67 euros que costaba hace un año. 

El precio de la bombona de butano se incrementa en un contexto que no es baladí. La inflación continúa moviéndose al alza y se ha situado en el 2,3% en febrero, destacando la tasa del 3,2% en alimentación y bebidas no alcohólicas. Según el propio Instituto Nacional de Estadística (INE), desde julio de 2018, cuando comenzó el primer gobierno de Pedro Sánchez, la inflación se ha disparado un 24,1%. Y en lo que respecta al coste de la compra, se ha encarecido un 40% desde 2021, según un estudio de la escuela de negocios EAE Business School.

A todo esto se suma que desde el pasado 28 de febrero, cuando comenzó la guerra de Irán, se ha disparado el precio del petróleo (con el barril de Brent -de referencia en Europa- cotizando actualmente por encima de los 103 dólares)... y ya se notan sus efectos a la hora de repostar gasolina y diésel, y también se ha encarecido el gas. De hecho, la vicepresidenta tercera y ministro para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, ha referido que el precio del crudo se ha disparado un 60% y el gas un 54% respecto a las semanas previas al estallido del conflicto. Además, el encarecimiento del gas está repercutiendo en los precios de la electricidad... y ya se están pidiendo medidas, incluso desde Bruselas, que propone reducir de forma temporal los impuestos a la luz para intentar abaratar la factura.

Ahora la bombona de butano también afectará más a los bolsillos de los españoles. Cabe recordar que se trata de su segunda subida consecutiva en lo que va de año y que es la energía más barata al pagar sólo por lo que se consume y que tiene varias ventajas: precio, versatilidad, alto poder calorífico y fácil de mover. España revisa su precio cada dos meses en función del coste de la materia prima, los fletes y la evolución del tipo de cambio euro-dólar; y es una excepción dentro del negocio europeo de butano porque aquí no está liberalizado y tiene su precio regulado. A pesar de que se trata de la energía más barata, el consumo de envases de gas licuado del petróleo (GLP) se mueve a la baja desde hace más de una década: en concreto, entre 2010 y 2021 cayó más de un 25%, hasta 64,5 millones; entre 2021 y 2024, descendió un 12%; y en 2025 se consumieron 57 millones. Se estima que unos 8 millones de hogares aún consumen bombona de butano.

Desde que el socialista Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en junio de 2018, la bombona de butano acumula tres subidas consecutivas, seguidas de dos descensos, otras cinco subidas, tres nuevas bajadas y dos incrementos... Y desde que Sara Aagesen está al frente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, donde sucedió a Teresa Ribera (quien ascendió a vicepresidenta europea) a finales de noviembre de 2024, la bombona de butano ha sumado tres encarecimientos, tres abaratamientos y dos nuevos encarecimientos. Habrá que esperar hasta el próximo mayo para ver hacia dónde se mueve la evolución.