El BBVA ha vendido el 3% del 5% que mantenía de Telefónica. Era, según Carlos Torres, una partcipación financiera, pero lo cierto es que era mucho más que eso. Si no, no se explica que el banco tuviera un vicepresidente en el Consejo de la Teleco.

Sea como fuere, Telefónica ya no es la que era desde que Moncloa metió sus zarpas y compró el 10%, cambió de manera caciquil al presidente y se cargó a los directivos no afines para colocar a los amiguetes. Desde entonces la empresa va cuesta abajo y sin frenos, con un plan estratégico inconsistente que no aclara lo más importante: de dónde sacará Telefónica los ingresos.