La noticia es que el famoso cardenal canadiense Marc Ouellet, papable ya al menos en dos conclaves, ha sido absuelto en proceso iniciado por mujeres que le acusaban de abusos sexuales.

El Tribunal Superior de Quebec lo ha debido ver muy claro: el cardenal fue 'falsamente acusado' de violencia sexual en el ámbito de una acción 'colectiva', qué peligro, contra la Arquidiócesis de Quebec.

No sólo eso, sino que los acusadores tendrán que indemnizar a Ouellet con 100.000 dólares, porque resulta que no son víctimas, sino verdugos con mala fe.

Ouellet, con un gesto justo y cachondo a un mismo tiempo, cederá ese dinero a las asociaciones que luchan contra un abuso sexual real, no inventado, de poblaciones indígenas.

Y esto es bello e instructivo, pero la acusación, falsa, ha provocado, por ejemplo, que Ouellet ya no será Papa. Su carrera eclesiástica ha terminado y, lo que es más grave, también ha concluido su derecho a la buena fama.

En resumen, estamos ante un signo de nuestro tiempo. Marc Ouellet, el cardenal canadiense mas papable habitual en los últimos cónclaves ha ganado por goleada la causa contra la mujer que le acusó de agredirla sexualmente. pero, sobre todo ha demostrado que la denuncias falsas de mujeres a hombres, particularmente de feministas a varones significados, existen y si existen es por algo. No sólo eso; han surgido legislaciones, como la española de la gran majadera de Irene Montero, que dan por buena toda acusación de una mujer, porque la mujer nunca miente y el varón miente siempre. Y hay que acabar con eta injusticia.

Ahora paso del feminismo a la pederastia, del síndrome Ouellet al síndrome Pell, el cardenal australiano.

Si uno escribe George Pell en Google le puede salir esta página, donde se recoge su condena a seis años de cárcel por pederasta cuando era, nada menos que "el número tres del Vaticano". ¡Qué horror!

No era exactamente así pero lo mismo da. El caso es que Google, la biblioteca de Alejandría del siglo XXI olvida en su selección de información un pequeño detalle sobre el cardenal australiano, el número tres del Vaticano: tras pasar más de un año en prisión, el Tribunal Supremo australiano declaró inocente a Pell porque no se fiaba de las pruebas presentadas en su contra por sus acusadores.

Vamos, que el pensamiento Google es cristianófobo, social y manipulable. A ello contribuyó -¡Ay dolor!- el propio Vaticano. El Papa Francisco que había relevado a Pell, en cuanto surgió la campaña en su contra, dejó la investigación en manos del mundo, es decir, de los tribunales ordinarios, con lo que Pell fue condenado injustamente a penas de prisión. Lo peor es que el juicio de la Iglesia quedó sometido al civil -ese considerable desastre se ha convertido en norma- y la propia Sagrada Congregación ap la doctrina de la Fe, responsable de la necesaria investigación paralela sobre el comportamiento de Pell, dejó de investigar en cuanto los tribunales civiles le absolvieron. ¿Por qué? ¿Por qué no terminó su investigación? ¿Acaso no quería defender a George Pell de una calumnia? Porque los tribunales civiles suelen sentenciar por razones de forma pero la iglesia debería ir al fondo de la cuestión. Se habían vertido mucha calumnias contra Pell.

La Iglesia no tiene que tener vocación de fiscal pero sí de abogado defensor del inocente... e incluso también de fiscal, cuando la acusación resulta necesaria para proteger el honor del inocente.

La justicia en materia de feminismo y de pederastia se ha convertido en venganza y en la oportunidad de todos los que odian a Cristo para golpear a la Iglesia.

Y una vez que el proceso de denigración contra el honor de un clérigo se pone en marcha, el atentado contra el honor prosigue, no se extingue nunca. Así, en le caso Pell, aunque la máxima autoridad judicial de Australia declaró la inocencia de Pell, una Comisión Real, un organismo político, en suma, volvió a 'condenar' moralmente a Pell, ya moribundo y vuelto al Vaticano. No sólo había que perseguir al hombre antes de su muerte, había que matar su honor su honor mancillando su memoria después de muerte, como hizo la Comisión Real y como hace Google.

Vamos, que no había que soltar la presa, había que destrozarle en su honor antes y después de muerto, fuera culpable o inocente... que todo indica que era inocente.

Tanto el Síndrome Ouellet y el síndrome Pell, tienen su enjundia. El primero por las denuncias falsas de la mujer, una tendencia que va en aumento pero que, oficialmente, no sólo se siguen negando sino que, demás, son procesadas antes de comprobarlas... o se argumenta que apenas existen, como si eso disminuyera la gravedad. Respecto al segundo porque la pederastia, algo en verdad repugnante, mucho más, por supuesto si es un clérigo, se ha convertido en una arma arrojadiza... y repugnante.

Y como ya hemos dicho en Hispanidad, no lo duden: cuando la pedofilia ya no sirva para ser utilizada contra los católicos, el Nuevo Orden Mundial (NOM) progresista legalizará la pederastia. La mencionada Irene Montero encabezará la manifestación y redactará una ley para dejar claro que los niños pueden acostarse con quien quieran, lo que implica que quien quiera podrá acostarse con un menor.

Es el síndrome Pell. El síndrome Ouellet significa que a mujer también puede mentir y miente, entre otras cosas porque si no supiera mentir sería idiota, y la mujer no es idiota.