Al parecer lo que fastidia a los alfiles de la enseñanza pública -yo pensaba que toda enseñanza era pública- no es la igualdad de oportunidades -nos sale más cara a los contribuyentes que la enseñanza privada o que la privada concertada- sino el hecho de que la enseñanza concertada es, aún, en su mayor porción, católica.

Los susodichos alfiles, además de ejecutar encomiables destellos de libertad, tales como quemar automóviles o derribar contenedores, se han convertido en la punta de lanza del primer partido de la oposición del PSOE, al que no le viene nada mal que las portadas de la prensa extranjera abran con una foto donde un encapuchado se enfrenta a un director de banca que trata de evitar que destroce la sucursal. Al final, todo termina en lo de Rubalcaba: cada oveja con su pareja: nosotros con los sindicatos y ellos con la Conferencia Episcopal.

Pero, en mi opinión, no deberían preocuparse tanto, porque no todo centro con ideario católico se comporta como tal. Dicho de otra forma: creo que la progresía acelera su sano espíritu preventivo. Lo explicaré con una cita de una pequeña joyita que acaba de publicar Rialp, un libro titulado "Sintonía con Cristo", del sacerdote Michel Esparza, un verdadero descubrimiento. Dice lo siguiente: "El cristianismo no es un sistema filosófico, es un relación con una persona, con Cristo". Y añade: "Tampoco se puede reducir a una serie de valores morales, como les sucede a esos padres que quieren un colegio católico para sus hijos, no tanto para que les enseñen a amar a Dios, sino, sobre todo, para que aprendan unas reglas de conducta".

Que no, que los cristianos no somos los que creemos en Cristo sino los que amamos a Cristo. Que no se trata de un qué, sino de un quién, que no se trata de saber sino de amar.

A lo mejor, leyendo al padre Esparza entendemos un poco más de qué van las algaradas callejeras por "una enseñanza de calidad", así como el flojo debate público sobre enseñanza. Al menos, sabremos de qué estábamos hablando.

Eulogio López

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