• A la Iglesia española le preocupa también la unidad de España, "una parte principal del bien común de nuestra sociedad que ha de ser tratada con responsabilidad moral", afirma el cardenal.
  • El arzobispo de Madrid denuncia la actual legislación sobre el matrimonio, "que ni siquiera reconoce la realidad humana del matrimonio en su especificidad con una institución o figura jurídica adecuada" y que "debe ser corregida y mejorada porque compromete seriamente el bien común".
  • El cardenal también se ha referido a las víctimas del terrorismo: "Nos preocupa también que las heridas causadas por el terrorismo a tantas víctimas y a la sociedad entera no se curen por el camino del arrepentimiento, del propósito de la enmienda y de la satisfacción de las víctimas", a lo que ha añadido "el perdón y la misericordia buscada, aceptada y concedida de corazón".
El cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela (en la imagen), ha destacado hoy lunes en el discurso inaugural de la CII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española "el problema de las siempre complejas y delicadas relaciones entre la Iglesia y el Estado".

Y ha recordado que "en España, las relaciones entre la Iglesia y el Estado están suficientemente bien reguladas por los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Español firmados en 1979. Los Acuerdos reflejan fielmente tanto los principios enseñados por el Concilio Vaticano II a este respecto, como los que emanan de la Constitución Española de 1978, especialmente de lo que esta establece en los artículos 16 y 27, máxime si son interpretados a la luz de lo que prescribe el artículo 10, 2".

Luego ha llamado la atención sobre "algunas circunstancias del momento actual de nuestra sociedad, e incluso de la sociedad internacional, con claras implicaciones humanas y morales de notoria relevancia para el bien común".

En primer lugar, ha destacado la crisis económica que padece España, que "exige todavía un esfuerzo continuado y generoso. Es necesario reducir sustancialmente el paro, en particular el que sufren tantos jóvenes, que incluso no han podido acceder nunca a un puesto de trabajo.

Este esfuerzo demanda una conversión moral de todos los agentes sociales, que ha de manifestarse no solo en unos comportamientos respetuosos de las exigencias fundamentales de la justicia y de la solidaridad, sino, además, en actitudes de generosidad desprendida en favor del prójimo".

En ese sentido, ha recordado lo que Benedicto XVI llama en su encíclica Caritas in veritate, la actitud de la «gratuidad». "El principio de la gratuidad está activo en la ayuda generosa que los fieles y otras personas prestan a los que más sufren la crisis, a través de la organización oficial de la caridad de la Iglesia, que son las Cáritas parroquiales, diocesana y su federación nacional, y a través de otras organizaciones o personalmente. Es justo reconocerlo y agradecerlo. Sin esta ayuda la situación de muchos resultaría insostenible.

Pero, además, la gratuidad ha de expresarse también en las relaciones económicas de todo tipo, como se explica en Caritas in veritate".

A la Iglesia española le preocupa también, según Rouco, "que la unión fraterna entre todos los ciudadanos de las distintas comunidades y territorios de España, con muchos siglos de historia común, pudiera llegar a romperse". "En los últimos once años, la Conferencia Episcopal Española ha aclarado en tres ocasiones los criterios morales y pastorales, de justicia y caridad —criterios que podemos calificar de prepolíticos— según los cuales habrían de orientarse las conciencias de los católicos y que ofrecemos también a todos los que deseen escucharnos.

Esos criterios están hoy plenamente vigentes y toman su fuerza de la Doctrina Social de la Iglesia acerca de los principios que deben regir la vida de la comunidad política en orden a la promoción del bien común. La unidad de la nación española es una parte principal del bien común de nuestra sociedad que ha de ser tratada con responsabilidad moral.

A esta responsabilidad pertenece necesariamente el respeto de las normas básicas de la convivencia —como es la Constitución Española— por parte de quienes llevan adelante la acción política", ha añadido el cardenal de Madrid.

Igualmente, Rouco ha puesto el acento en su discurso en la preocupación de la Iglesia por el presente y futuro del matrimonio y de la familia: "Sus problemas siguen siendo muy graves y de honda repercusión para el conjunto de la sociedad. Es verdad que las leyes no son ni pueden ser la única ni tal vez la principal solución de estos problemas. Pero las leyes injustas contribuyen mucho al agravamiento de los problemas.

Reiteramos una vez más la necesidad de leyes reconocedoras y protectoras del matrimonio y de la familia. La actual legislación, que ni siquiera reconoce la realidad humana del matrimonio en su especificidad con una institución o figura jurídica adecuada, debe ser corregida y mejorada porque compromete seriamente el bien común".

"Pero el egoísmo, que triunfa en la vida matrimonial y familiar de España tal vez como en ningún otro campo de las relaciones sociales, debe ser combatido también en el ámbito de la educación en general y, por supuesto, de la formación católica y de la atención pastoral matrimonial y familiar", ha añadido.

En ese sentido, ha recordado las palabras del Papa Francisco: «Ponerse en marcha y caminar juntos. ¡Y esto es el matrimonio! Ponerse en marcha y caminar juntos, tomados de la mano, encomendándose a la gran mano del Señor. ¡Tomados de la mano siempre y para toda la vida! ¡Y haciendo caso omiso de esa cultura de la provisionalidad, que nos hace trizas la vida!».

El cardenal también se ha referido a las víctimas del terrorismo: "Nos preocupa también que las heridas causadas por el terrorismo a tantas víctimas y a la sociedad entera no se curen por el camino del arrepentimiento, del propósito de la enmienda y de la satisfacción de las víctimas. Es decir, que no se curen en su raíz por el camino del perdón y de la misericordia buscada, aceptada y concedida de corazón".

Por último, Rouco se ha acordado también del pueblo filipino, "al que, como católicos y como españoles, nos sentimos particularmente unidos por lazos históricos, religiosos y de familia" y ha llamado la atención de los católicos y de toda la sociedad "acerca de los dramas que padecen tantos cristianos, de distintas confesiones, sometidos a presiones y persecuciones de diverso tipo en varias partes del mundo".

Andrés Velázquez

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