Educación para la Ciudadanía, ni en su versión PSOE ni en su versión PP puede consistir en educar a futuros políticos. No se trata ni de defender el derecho a la autodeterminación ni de defender la unidad de España.

Ninguna de ambas cosas educan para la convivencia. Para la convivencia educa el necesario respeto a los mayores, las normas de urbanidad, la higiene por respeto al otro, no molestar al prójimo con ruidos innecesarios y hasta ceder el paso al cruzar una puerta.

Todo eso es ciudadanía y nos hace mucha falta. Lo que no es educar para el civismo es lavarle el cerebro a los chavales a costa de trivializar el sexo o de inducirles al tenebroso mundo homosexual. Pero tampoco lo es enseñarles la Constitución, porque la Constitución como toda realidad, humana, es discutible. De hecho, en su propio articulado así lo propugna. La Constitución se estudia y se respeta pero no es un código moral y nunca podrá serlo. Enseñarle a un chaval moral es enseñarle una cosmovisión de la existencia para que pueda dar sentido a su vida y para que los padres puedan elegir qué sesgo le dan a la educación de sus hijos.

Porque, no lo duden, sesgo va a haber. La educación neutra no existe, como no existe el pensamiento neutro, como no existe la educación en libertad, entre otras cosas porque si se decretara la total libertad educativa, el sujeto agente, el alumno, elegirá no ser educado en modo alguno.

Lo de EpC no era más que un invento del progresismo zapaterista para convertir a una generación en zombies progres. La respuesta no debe ser clases de constitución española, sino sencillamente suprimir la signatura. Salvo que se sustituya por clase de urbanidad, que falta nos hace.

Eulogio López

[email protected]