Al contraer matrimonio, el hombre dejará a sus padres y se unirá a su mujer y vendrán a ser los dos una sola carne.

Así quedó la institución natural del matrimonio. Los bendijo Dios y diciéndoles procread y multiplicaos y llenad la tierra. El matrimonio no es recibido de los hombres, sino que está radicado en la misma naturaleza.

En los últimos siglos se ha difundido una visión del matrimonio sin referencia a Dios como si fuera un asunto de la legislación civil, e incluso como un asunto privado entre un hombre y una mujer que establecen una relación cuyo contenido y duración determinan a su libre arbitrio.

Por esta razón la institución matrimonial se encuentra oscurecida por la epidemia del divorcio, del llamado amor libre y de otras deformaciones más.

El amor conyugal queda profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación, males que tienen su raíz en una concepción securalizada de la existencia que produce un gran daño y es una de las causas de la decadencia civil y moral de la sociedad.

El matrimonio siempre será entre un hombre y una mujer. Las uniones de personas del mismo sexo, no son un matrimonio ya que va contra la ley natural. El contrato matrimonial no se lleva a cabo sin el consentimiento libre del hombre y de la mujer. Es una unión indisoluble, para toda la vida.

El verdadero amor conyugal se manifiesta en la donación total y definitiva del marido a la mujer y de la mujer al marido; son una misma carne. Por lo tanto lo que Dios unió que no lo separe el hombre. La institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de los hijos. Por ello se exige plena fidelidad conyugal y su indisoluble unidad.

Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla (Génesis I, 28). Por último, para la recta ordenación de la sociedad civil, cuya célula viva y fundamental es la familia, es imprescindible el amor y la unidad entre los esposos.

"Yo he conocido muchos matrimonios felices, pero ni uno solo compatible. Toda la mira del matrimonio es combatir durante el instante en que la incompatibilidad se hace indiscutible y sobrevivirlo". Gilbert Keith Chesterton.

Clemente Ferrer
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