"Los Kirchner corrompen todo lo que tocan". No lo digo yo, que conste, lo dice Eduardo Duhalde, quien fue el mismo presidente argentino que presentó en sociedad a Néstor Kirchner, aquellos montoneros teóricos, es decir, revolucionarios de chequera, que coparon el poder y crearon una dinastía, algo parecido a los Putin y Medvédev pero unidos por el vínculo del matrimonio.

Murió Néstor pero Cristina Fernández sigue utilizando la efigie de su esposo como marchamo electoral.

Y todo parece indicar que el marchamo es bueno, porque las encuestas auguran el triunfo de la actual presidenta. Espero que no se vuelva a casar, más que nada porque entonces podríamos encontrarnos con una dinastía de tres, y comenzaría el hermoso juego de una legislatura para mí y otra para ti.

Y sí, es verdad que la sociedad argentina se ha corrompido con esta progresía peronista-montonera. Fernández, a quien se conoce como la "Barbie revolucionaria", ha conseguido que la corrupción se enseñoree de la Argentina. Ha logrado institucionalizar la corrupción y algo parecido al partido único: la economía crece pero no hay reparto de la riqueza y la pobreza cunde en un país con una economía pujante: para una socialista no está nada mal.

Otra muestra de corrupción es la inseguridad en las calles. El gran Buenos Aires ha comenzado a catalogarse como una de las ciudades más peligrosas de Iberoamérica, ya al mismo nivel de México DF y por encima, sí créanlo, de Bogotá. El secuestro express se ha convertido en un lucrativo negocio y la policía ya se ha acostumbrado a ser testigo más que agente del delito. El valor de la vida en la bella capital argentina ha caído en picado.

Por lo demás, todo está en orden y Duhalde perderá las elecciones y su denuncia se convertirá en un rifirrafe electoral que pronto será olvidado. Lógico: darle la vuelta a la economía o mejorar la convivencia frente a la tiranía -disfrazada o no de democracia- no es difícil. Recuperar la moral colectiva es mucho más complejo. Y lo que los Kirchner han hecho, más que tiranizar al Régimen argentino es corromper la moral de los argentinos. Lo cual me fastidia escribirlo, porque le tengo mucho cariño a ese pueblo hoy tan vilipendiado.

Eulogio López

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