• Juan Miguel Villar Mir debe irse y ceder los trastos a su primogénito, Juan Villar-Mir de Fuentes.
  • OHL no sale del pozo: beneficio contenido, más deuda con recurso y ampliación de capital de 1.000 millones.
  • El mayor problema sigue siendo de reputación corporativa. Lo que puede ser justo o injusto, pero ante todo… es.
  • Y luego la deuda. Un triunfador permanente como Villar Mir se niega ahora a dar marcha atrás.
Juan Miguel Villar Mir (en la imagen, padre e hijo) ha sido un político, empresario -gestor y propietario- de éxito. El grupo Villar-Mir ha ido una historia de éxito a partir de la nada. Aún hace pocos años, cuando todas las constructoras andaban apalancadas y en peligro de desaparición –sí, desaparición- el ex vicepresidente del Gobierno presentaba una envidiables resultados y aún una más envidiable diversificación sin apalancamiento. Sus problemas han venido desde que cumplió los 80 años (edad maldita, al parecer). Ahora cuenta 83 y durante este trienio el Grupo ha ido de mal en peor. La incorporación de Josep Piqué no sólo no ha ayudado sino que ha perjudicado mucho. Pero Villar Mir, lejos pensar en una bien merecida jubilación se niega a dejar los trastos en manos de su primogénito, Juan Villar-Mir de Fuentes, e incluso lo pone difícil. De nada ha servido -bueno sí, para él mismo- el fichaje del ambicioso Josep Piqué. Y así llegamos a los resultados del primer semestre del año. En plata. Que no salimos del pozo. Beneficio contenidísimo, más deuda y ampliación de capital de 1.000 millones de euros. Total, derrumbe bursátil de un 12%… Que alimentará los rumores interesados. Y el mayor problema es de reputación corporativa. Ya saben, al reputación puede ser justa o injusta pero… es. Los negocios Villar Mir se han vuelto complejos y retorcidos, con demasiados pasos por los tribunales y demasiadas acusaciones. Es el momento de irse, señor Villar Mir. Ceda los trastos a su hijo primogénitos que está archiformado y archipreparado. Hágalo en forma de holding o permitiéndole llevar el día a día. Lo hará bien en ambos casos. Porque usted, don Juan Miguel, tiene 83 años. No estropee una carrera brillante con los errores de la vejez. Eulogio López [email protected]