Bilbao vive una situación surrealista en la calle Cantalojas, en pleno barrio de San Francisco. En el edificio quedan tres vecinos 'al uso', es decir, propietarios normales, de los que pagan las cuotas, actúan ante las averías y confían en el principio de convivencia. El resto de las viviendas son de okupas o se usan como narcopisos.
Pero la situación no es nueva, llevan así diez años, pero cada día es más insostenible por una fuga que se provocó hace años y que nadie repara.
Pero claro, con tan solo las cuotas de tres propietarios es imposible sostener el edificio y además hacer frente a derramas por averías. El portal es un ejemplo de ello: buzones y telefonillos arrancados y el acceso de la entrada destrozado. Tramos de escaleras deteriorados y rellanos llenos de muebles abandonados.
Los vecinos aseguran tener miedo, y no es de extrañar. Por mencionar un ejemplo, cuentan lo que sucede en la quinta planta, allí hay atados en el descansillo cuatro pastores belgas malinois. Los ladridos no cesan ni de noche ni de día y les acompaña un gran agujero en la pared por el que se ve el interior de la vivienda. A esto sumamos peleas, robos y amenazas.