La habilidad de Pedro Sánchez no está en su resistencia a todos los fraudes, abusos, mentiras y escándalos de corrupción en su familia, el PSOE, gobierno e instituciones, sino en haber creado un estado de opinión favorable a su causa (pese a su deleznable actitud que años atrás él mismo había condenado) y haber disfrazado los escasos contrapoderes aún intactos del estado de derecho como un golpe de estado: en su  contra, su régimen, su partido y  toda su gente  implicada en frentes judiciales.

La paranoia llega a los límites de pensar que la administración norteamericana Trump estaría alentando la caída de Sánchez desde las fuerzas de oposición españolas (PP y VOX fundamentalmente) a través del brazo ejecutor de su nuevo embajador de EEUU en Madrid, Benjamín León Jr.,  por haberse reunido antes con Feijóo, Abascal y Ayuso  que con representantes del Consejo de ministros. Así Sánchez y los suyos olvidan intencionadamente que el chicle del fraude está estirado al máximo -con ZP a la cabeza-  para encubrirlo instigando el argumento de intentona golpista y ahondar como nunca antes desde la guerra civil en  las dos Españas. “Estar contra él es estar en contra de España y del orden constitucional español”, es el claim (reclamo) del sanchismo, recordando los argumentos empleados por los independentistas catalanes desde los tiempos del honorable (?) Jordi Pujol

Lo malo de abusar de ese argumento que se apodera no sólo el PSOE sino las fuerzas de coalición consentidoras de la corrupción (CCC) y de cada vez más amplias capas de simpatizantes del voto de la izquierda y ultraizquierda es que se crean ellos mismos lo del golpe de estado y lleguen a las manos. Según la lógica sanchista, la justicia, los medios y los partidos derechistas están infectados de venganza por no gobernar y obsesionados  por extender las artimañas judiciales a la saga sancho-socialista .

Resulta curioso -como se contaba en redes sociales- que la izquierda de este país históricamente haya alabado el destape del Watergate que acabó con un presidente en los EEUU y cuando tienen un caso similar en España con el Sánchezgate salen ahora a defender a Nixon (osea a Sánchez).  

Que haya  pues gente que compren la película golpista derechona que se airea desde Moncloa, da cuenta del nivel crítico de la que goza nuestra sociedad, por cierto con la generación mejor preparada de todos los tiempos. El fracaso escolar, el pésimo ranking del informe PISA y el hecho de que la ley educativa permita pasar de curso con asignaturas suspendidas, con el escaso nivel de comprensión lectora de nuestros más jóvenes, sólo parece justificar que cuanto más ignorantes y bobos más fáciles de manejar políticamente. ¿Por qué no ocurre eso en la Europa del norte con ratios envidiosos en Pisa?  Si a esto añadimos la regularización de varios millones de ilegales casi analfabetos mientras nuestros talentos más críticos huyen del país por falta de perspectiva de futuro, ahonda la tesis de la degradación intencionada en la geografía humana española. 

Resulta curioso -como se contaba en redes sociales- que la izquierda de este país históricamente haya alabado el destape del Watergate que acabó con un presidente en los EEUU y cuando tienen un caso similar en España con el Sánchezgate salen ahora a defender a Nixon (osea a Sánchez)

Como han hecho con habilidad tantas veces en el pasado, a base de reiterar la teoría del Golpe de Estado, crece el riesgo  de que a alguno se le crucen los cables y encienda la mecha de la violencia. A tal extremo nos quieren tensionar como nunca antes desde la II República. El espíritu del necio listo se ha suplantado con la desgracia de haber  naturalizado el casi nulo nivel de queja social por la gravedad de los escándalos (el nuevo caso siempre supera el anterior) y la anestesia de algunas fuerzas del Estado que como la Casa Real, dan la sensación de asumir con estoicismo cualquier real decreto, BOE y despropósito contra la inteligencia, convivencia y pacifismo en España. Cuando salte la primera chispa nos miraremos y no obtendremos más que reproches.

Quién diría que España está cerca de Occidente cuando con sus escándalos y devaluación del imaginario “quinto poder” (sociedad civil) tragamos con todo sin que pase factura. Con razón en su día nos arrebataron sin rechistar el Meridiano Cero de la Isla de Hierro por el de Greenwich en 1884 durante la Conferencia Internacional del Meridiano en Washington con la excusa de establecer un estándar universal en Cartografía. Durante siglos El Hierro fue considerado el fin del mundo conocido antes del descubrimiento de América y sirvió ese punto en el mapa como referencia de navegación marítima desde tiempo del Cardenal Richelieu en 1634.  

Hoy en día, el sanchismo, cada vez más alejado de las democracias modernas y próxima a narcodictaduras latinoamericanas y regímenes autócratas como Marruecos, China, Irán, etc está intentando buscar un nuevo meridiano para hacer ver que si no tapamos sus convolutos estamos contra España y encima alentado un  golpe de estado imaginario. La carta de navegación es el estado de derecho pero los reiterados abusos legales, políticos y éticos hacen ver que Sánchez acorralado busca agarrarse a un nuevo punto cartográfico asumiendo el riesgo de un conflicto civil. 

Agenda del otro golpe

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Si la teoría puede ser mórbida conceptualmente para derrocarle, no tanto para aferrarse al poder como está haciendo abusando de la cada vez menor división de los poderes y contrapoderes. El golpe, no el que imagina contra el sanchismo sino el mismo que está perpetrando contra los españoles en Moncloa/Ferraz,  en marcha desde el primer escándalo (pero para una intención contraria a toda legitimidad , la de perpetuarse en el poder e impedir la alternancia democrática), empezó con el plagio de la tesis y la manipulación de las primarias,  pasó por las consignas a  jueces , fiscales, abogacía del Estado y medios terminando hasta nuestros días con la compra del censo y la regularización/nacionalización masiva de ilegales naturalizados para asegurarse el voto. Teniendo todo en contra, la hoja de ruta es resistir al precio que sea y aplicar de facto un 155 sobre la democracia que está mermando la reputación internacional de España por los escándalos.

La falta de presupuestos PGE desde hace  4 años y la pérdida estrepitosa de votos en las CCAA sin más consecuencias no le está impidiendo regar con dinero todo tipo de astucia, fin, empresa y país sospechoso para la seguridad nacional sin rendir cuentas. En un estado de derecho habría PGE, fiscalización transparente y hasta convocatoria de elecciones cuando la gobernabilidad está bloqueada como pasa hoy. Y no porque lo diga este humilde plumilla, sino porque Sánchez lo ha defendido en numerosas ocasiones antes de llegar a presidir el gobierno (Siempre hay un tuit de Pedro Sánchez que deja en ridículo a Pedro Sánchez).

El doble golpe (el imaginario del tío Trump y el real de tapar los escándalos bajo la excusa de todas las crisis del mundo) nos deja maniatados y a merced de los vientos sin meridianos ni cartas de navegación. 

El titánico trabajo que asuma el futuro nuevo ejecutivo será inmenso desde todos los puntos de vista, debiendo actualizar, derogar y endurecer gran cantidad de privilegios a minorías, desigualdades, leyes, normas, derechos y reglamentos para anular abusos, despilfarros y tantas zonas grises que confunden lo penal, político y hasta ético con el estándar más normal en Occidente. Todo ello sin mencionar la plétora de reformas procrastinadas por miedo a la contestación social.

Porque lo del actual ejecutivo en Moncloa recuerda a la afición francesa de fútbol tras la Championsleague, que no sabe ni ganar ni perder, sólo polarizar e incendiar las calles. 

Lo malo de navegar en alta mar es que el capitán de la oposición Nuñez Feijóo delira de pretender armar una mayoría parlamentaria con el PNV y Junts sin Vox. La foto en Waterloo con otro golpista bucanero para pactar la moción de censura le habría perseguido toda su vida. En Andalucía, se especula un entendimiento del PP ganador con el PSOE (en su peor resultado ) en vez del VOX. Por eso, el líder de los populares actual adolece de no querer sacar nunca  los cañones, sino de dejar que la pólvora del enemigo se moje. Así parece que secunda también la actitud de la afición francesa de fútbol pero a la gallega: ni sube ni baja, ni va ni viene.