Naciones Unidas, el tanque de ideas, de malas ideas, del Nuevo Orden Mundial (NOM) anticristiano, aborda dos cuestiones: su propia reforma y la sucesión en la Secretaría General, ocupada por hoy por el tortuoso portugués, Antonio Guterres.

Todos queremos ser políticamente correctos, así que tenemos que nombrar a una mujer como sustituto de Guterres. Lo cual a mí me parece estupendo, sólo que no me gustan las dos candidatas: la abortera chilena Michelle Bachelet y la abortera costarricense, Rebeca Grynspan.

Lo de la reforma de la propia ONU es más relevante aún pero está ligado a lo anterior. Lo que Estados Unidos ha dicho -y China no se le opone- es que eso del Gobierno mundial mejor lo dejamos para más adelante. Y es Donald Trump quien, afortunadamente, quiere más: quiere regresar a la Carta Fundacional, en la que se habla de los derechos del hombre, no de la segunda generación de derechos humanos, en la que, por ejemplo, la barbaridad del aborto se convierte en un derecho humano.

En definitiva, se trata de implantar la Blasfemia contra el Espíritu Santo, donde lo malo es bueno y lo bueno es malo, donde, por ejemplo, el aborto es un derecho.