Al contemplar con estupor y con impotencia las tragedias que nos asolan: invasión de Ceuta, incendios por doquier, asesinatos por ajustes de cuentas de los narcotraficantes que campan a sus anchas por el Guadiana y el Guadalquivir… Me ha venido irremisiblemente a la cabeza aquello sobre lo que he reflexionado mucho y que, en el ámbito de mi especialización en la Ética de la Comunicación y de la Información, también he desarrollado por escrito en libros y artículos académicos: que, en muchos casos, el peor pecado y el más grave delito es el de la omisión, ya sea del deber de informar, ya sea del deber de prestar socorro, ya sea del deber de prever las catástrofes, ya sea, en fin, del deber de gobernar y solucionar los problemas de los gobernados.

Sería enormemente prolijo que me refiriera aquí y ahora a todas las omisiones desinformativas y manipuladoras de los medios adictos al poder ilegítimo que nos gobierna. Tampoco me voy a referir a la inacción abyecta del que tiene el principal deber de actuar, pues para eso debería tener la capacidad de analizar y describir las pasiones humanas de un Shakespeare o de un Dostoievski.

Por otro lado, tampoco voy a repetir lo que ya muchos expertos han dicho y el sentido común de las personas normales saben: que la enorme proliferación y magnitud de los incendios se produce porque no se ha hecho lo que se debería haber realizado previamente. Trágica omisión.

Trágica ha sido la omisión durante décadas del debido y adecuado fortalecimiento de las fronteras con Marruecos, sabiendo como se sabía fehacientemente del afán expansionista de la tiranía marroquí

Como trágica ha sido la omisión durante décadas del debido y adecuado fortalecimiento de las fronteras con Marruecos, sabiendo como se sabía fehacientemente del afán expansionista de la tiranía marroquí. Y, sobre todo, desde hace cinco años en que experimentamos la primera invasión.

Es evidente que esas omisiones no obedecen solo a una dejación de deberes sin más, tan propias de los mandatos del PP, sino a los misteriosos e inconfesados intereses del PSOE, que vienen de antiguo y que han alcanzado su paroxismo en el mandato de Pedro Sánchez. Con lo que la omisión se puede convertir en alta traición, inédita en la historia reciente de Occidente.

En este sentido, junto a otros muchos favores al vecino del sur, perjudiciales para España con el dinero de los españoles, fue especialmente doloroso que, hace cuatro años, el ministro Grande-Marlaska desmantelara OCON Sur, la unidad de élite de la Guardia Civil encargada de la lucha contra el narcotráfico. y que, tras esa supresión, vinieran cantidad de omisiones dolosas y dolorosas en este ámbito, con lo que Marruecos tiene prácticamente vía libre para introducir por España los productos de su industria más rentable: la producción de hachís. Las consecuencias terribles de esta omisión se han comenzado a ver ya, pero serán en el futuro desoladoras.

Pero, ahora mismo, la omisión más tremenda es la de no prestar el socorro, la ayuda, el auxilio, los recursos y la comprensión y solidaridad debidas a los que directamente sufren las consecuencias de esa “guerra híbrida”: los compatriotas de Ceuta, los encargados del orden público y los sanitarios.

Los testimonios de desamparo, de incertidumbre, de miedo, e, incluso, de desesperación de muchos de estos buenos españoles que viven en Ceuta dejan helada el alma de cualquier persona de buena voluntad, aún en medio de un calor sofocante. Muchos de estos buenos ciudadanos se han quejado, por ejemplo, de que toda la ayuda de la Cruz Roja va solo para los asaltantes y la que ellos necesitan les es negada, además con insolencia.

E igualmente sucede con la situación de los policías, guardias civiles y militares que, exhaustos, no dan abasto para cumplir con sus funciones porque son muy pocos y, para colmo, viven en condiciones miserables. También a ellos se les omite lo que sería justo y necesario.

Y qué decir de los médicos, enfermeras y del resto del personal sanitario, los cuales, además de soportar unas cargas insoportables, tienen que sufrir la desatención (grave omisión) de la ministra que tiene que velar por ellos y por la salud de todos. Y que, para más inri, cuando logran hacerle llegar una información veraz y conveniente de saber, les llama mentirosos y xenófobos… Y, a día de hoy, sigue omitiendo todo lo que por su deber de ministra de Sanidad tendría que hacer. Omisiones cuyas consecuencias pueden ser muy trágicas, pues el peligro de que, además de los casos de sarna, se produzcan otras enfermedades es real, como han aseverado algunos epidemiólogos.

Estas omisiones tienen una enorme gravedad moral, aunque no sean constitutivos de delito o sean casi imposible de dilucidar en esta tierra. De ahí que, en casos como este, mi innato deseo de justicia me lleve a considerar el Juicio Final de Dios sobre la Humanidad.

Pero la omisión de socorro sí está tipificada como delito en el Código Penal, en varios puntos. Y, desde luego, sería de justicia que alguien lo invocara contra aquellos que, actualmente, lo están cometiendo flagrantemente. Además, éstos no están imputados por delitos de corrupción económica, por lo que así se solidarizarían con sus compañeros y excompañeros.

Sea como fuere, los que sí debemos solidarizarnos de la manera en que cada uno pueda con nuestros hermanos de Ceuta somos el resto de españoles de buena voluntad. Uno de ellos, Juan Roig, presidente de Mercadona, nos ha dado ejemplo yendo a visitar a sus empleados en esa ciudad devastada, a conocer su situación y sus necesidades, y las de la ciudad en general. Seguro que hará lo que pueda por ayudar, como ya hizo en la Dana de Valencia.

Lo más probable es que ni Usted ni yo tengamos las posibilidades de ayudar que tiene el señor Roig. Pero, además de algunas pequeñas cosas que se nos pudieran ocurrir, sí hay una que todos podemos hacer: rezar por nuestros hermanos de Ceuta, para que el Señor, a través de Nuestra Señora de África, les dé consuelo, ánimo, fortaleza, paciencia, valentía, coraje… Y la certeza de que, al final del camino, verán que “todo conduce al bien de los que aman a Dios”.