Este es el mensaje completo, corto y enjundioso, como todos los suyos, que el Papa León XIV, ha enviado a la 'Austrian World Summit' (Cumbre Mundial de Austria), otro aquelarre ecologista sobre el medio ambiente ("No queremos medio ambiente, lo queremos entero"), que nos volverá a aterrar con sus tenebrosas predicciones y nos volverá a citar para el desastre telúrico que se avecina. Y ojo, será un desastre provocado por el hombre, que es un cantamañanas de mucho cuidado.
Es ésta una tautología interesantísima, porque todo fracaso y todo éxito, todo honor y toda culpa... tiene por autor al hombre, que es el único sujeto libre y racional de la creación.
Incluido el asteroide que llegó de improviso y se cargó a los dinosaurios, la naturaleza es ciega y tonta, ergo no es culpable de nada aun cuando sea causante de todo. El hombre sí, pero lo que me asombra de los chicos del cambio climático es que sólo es el autor de las desgracias jamás de las gracias, fautor de todo lo malo, jamás de lo bueno. Pues oiga, una cosa es que el ser humano tenga una tendencia al mal y otra que no sepa hacer la 'O' con un canuto. Algo hará bien, el anfibio bípedo.
Ahora bien, aconsejo que se lea el mensaje del Papa a la Austrian World Summit, antes enlazado, y no se conformen con la interpretación periodística, tampoco de la que hace el periódico oficial de la Santa Sede, Vatican News, que titula tal que así: "La paz se ve amenazada por la falta de respeto a la creación". Yo diría que la paz se ve amenazada cuando el hombre no respeta al hombre, no cuando no respeta a la naturaleza, aunque también claro porque de la naturaleza vive el hombre. Por guerra y por violencia entendemos cuando Pepe le abra la cabeza a Juan, no cuando Pepe deja correr el grifo de agua más de lo debido. Eso está mal, pero no es violencia.
El ser humano no es el enemigo del planeta, Es más, la humanidad no desertiza la naturaleza sino que la fertiliza
Comprendo que el Papa León XIV estaba enviando su mensaje a un aquelarre ecologista, pero debería tener cuidado, no por lo que dice, todo correcto, sino por dónde lo dice y a quién lo dice. Porque hasta el mismo periódico del Vaticano lo ha interpretado como lo haría la COP 30, ese aquelarre verde de Naciones Unidas para mantener vivo un Acuerdo de París que ya nació cadáver.
Sería bueno recordar unas cosillas a los nuevos brujos verdes:
1.La naturaleza fue creada para el hombre, no el hombre para la naturaleza.
2.El hombre tiene que cuidar la naturaleza por gratitud al Creador y para dejarle un planeta aceptable para que sus hijos y sus nietos puedan continuar... explotando al planeta.
3.El hombre no desertiza la naturaleza sino que la fertiliza, al menos cuando actúa correctamente, es decir, pensando en Dios y en sus próximos. Insisto: el norte de África, actual desierto del Sáhara, fue un vergel de trigo, vid y olivo, granero del imperio romano. Cuando llegaron los musulmanes, poco dados a la agricultura y sí a la ganadería más comodona, la ovina y caprina, el desierto avanzó hacia el Mediterráneo.
4.Lo más peligroso: la solución al problema ecológico -que, por supuesto, existe, lo del negacionismo es otra memez progre- nunca puede consistir en reducir el número de seres humanos, sino en que el genio del hombre multiplique los dones de la naturaleza.
La ecología siempre conduce a lo mismo: a esterilizar a la raza humana. La única solución que ofrece para salvar al planeta consiste en esterilizar a la humanidad. Por contra, el pensamiento cristiano afirma: primero el hombre, luego el planeta... y éste para el hombre.
Santidad: el hombre no es el enemigo. Ya sé que usted no dice eso en su mensaje al 'Austrian World Summit', pero así será interpretado por el discurso cultural imperante... y hasta por Noticias del Vaticano.










