No fueron tres, sino cuatro, dado que la mujer joven asesinada estaba embarazada (nonato de ocho meses), en un ajuste de cuentas entre narcos. 

Con armas de gran calibre, desde una moto que luego apareció calcinada, dos matones dispararon contra una mujer, su hijo, su futuro nieto y un adolescente, en una barrio de Isla Cristina, zona turística de Huelva, lindante con Portugal.

Y es que la impunidad del narco está asolando la desembocadura del Guadiana. Tienen lanchas más veloces y mejores armas que la Guardia Civil y han establecido verdaderas bases criminales en la costa, y desembarcan la droga con total desfachatez. 

Pero este problema no es sólo nuestro, se está planteando en todo el mundo. 

Ahora bien, según Sánchez, a través de su ministro Marlaska, el derecho internacional impide atacar a los narcos en aguas internacionales. Según Trump, traen los alucinógenos para pervertir y destrozar a la juventud norteamericana, así que él les ataca en aguas internacionales, con misiles lanzados desde sus barcos o desde sus aviones y drones. Y se acabó el narcotráfico, ¿por qué no hacemos nosotros lo mismo?

Por cierto, las mafias del narco que entran en España por Cádiz y Huelva son marroquíes y si el Gobierno de Mohamed VI fuerza su memoria, seguro que sabe dónde encontrarles y dónde detenerles.