
Los fuentes consultadas por Hispanidad, casi todas felipistas, no echan las campanas al vuelo pero están dispuestas y señalan que la invasión de Ceuta ha marcado un antes y un después: es como si se hubiesen puesto en evidencia las vergüenzas del movimiento sanchista.
Y claro, la acción de sus ministros, más papistas que el Papa, no ayuda. El enloquecido Óscar Puente vende la III República. El dulce Albares impide que el jefe del Estado viaje a Ceuta, con una Mónica García mintiendo a los ceutíes detrás de sus guardaespaldas, con Margarita Robles encabronada con el propio Gobierno por la delicadeza con que se aviene al chantaje de Mohamed VI de Marruecos... todo ello ha despertado muchas conciencias dormidas.
Por vez primera, aseguran esas fuentes, se vislumbra una posibilidad de ruptura del Sanchismo.
Por ahora, los únicos que han dado la cara han sido el diputado socialista por Ceuta, Melchor León, que ha visto su ciudad invadida y al Gobierno español defendiendo a los marroquíes en lugar de a los ceutíes, y ha estallado, él y el alcalde de Cuenca, un desconocido fuera de Cuenca, Darío Dolz, que ha pedido elecciones generales y mismo, como si fuera del PP, mismamente.
Con esto no basta, claro, sobre todo para un PSOE que, en el momento presente, le debe todos sus cargos al presidente del Gobierno. Pero no por ellos, las estructuras han dejado de temblar.
Sánchez sabe que cuando le obliguen a abandonar La Moncloa puede acabar, no en la oposición, sino en la cárcel. Y ese panorama no le agrada
Los terremotos en Granada incluso han disparado la superstición de que Sánchez es gafe: incendios, terremotos (esta misma mañana del martes) en Granada, enfrentado a Estado Unidos y a Europa, y chantajeado por 'Mojamé': no parece que su reputación corporativa atraviese su mejor momento.
Pero el presidente del Gobierno español, recuerden es, ante todo, un ególatra resistente, perdón, resiliente, y no tiene nada mejor que hacer que permanecer en Moncloa. Ahora bien, ya con una desfachatez de un todo.
Eso sí, en Moncloa son muy conscientes de que una ruptura interna en el PSOE podría acabar con el Sanchismo. Recuerden PP (137), Vox (33) y UPN (1), suman 171 diputados. Bastaría con que cinco diputados del propio PSOE, ya no hablamos de otros partidos, dieran el sí a una moción de censura para que esta triunfara.
Y Feijóo está dispuesto a firmar una moción de censura sin asumir el poder, sólo para convocar elecciones.
Por lo demás el Sanchismo supone un movimiento alrededor de un sólo hombre, en cuanto Sánchez se vaya de Moncloa y los cargos públicos no dependan de él, sabe que puede acabar, no en la oposición, sino en la cárcel.
Ahora bien, por el momento ni Felipe González ha logrado romper la 'omertá', la ley del silencio que reina en el PSOE de hoy.
En todo caso, hay esperanza: el Sanchismo se rompe o, al menos, comienza a romperse.












