Prosigue la visita del Papa a África. Esta mañana ha visitado un hogar de acogida para personas mayores, en la ciudad de Saurimo, en Angola, en la que les ha dirigido estas palabras: "Me ha conmovido oír que llaman a este lugar ‘lar’, que habla de familia. Doy gracias a Dios por ello, y espero que todos ustedes puedan vivir aquí realmente, en la medida de lo posible, en un ambiente familiar. A Jesús le agradaba estar en la casa de sus amigos. El Evangelio nos dice que iba a la casa de Pedro, en Cafarnaúm, donde un día curó a su suegra. Nos recuerda su amistad con María, Marta y Lázaro; en su casa, en Betania, era acogido como Maestro y Señor y, al mismo tiempo, con familiaridad. Por eso, queridos hermanos, me gusta pensar que Jesús habita también aquí, en esta casa. Sí, Él vive entre ustedes cada vez que intentan amarse y ayudarse mutuamente como hermanos y hermanas. Cada vez que, tras una incomprensión o una pequeña ofensa, saben perdonarse y reconciliarse. Cada vez que, algunos de ustedes o todos juntos, rezan con sencillez y humildad. Expreso mi agradecimiento a las autoridades angoleñas por las iniciativas en favor de los ancianos más necesitados, así como a todos los colaboradores y voluntarios. El cuidado de las personas frágiles es un indicador muy importante de la calidad de la vida social de un país. Y no olvidemos que a las personas mayores no sólo hay que asistirlas, ante todo hay que escucharlas, porque custodian la sabiduría de un pueblo. Y les debemos gratitud, porque han afrontado grandes dificultades por el bien de la comunidad".

Esta tarde celebrará la santa misa en la explanada de Saurimo. 

Ayer por la tarde, León XIV rezó el en la explanada situada frente al Santuario de «Mama Muxima», donde también se dirigió a los presentes: "Rezar el Rosario nos compromete a amar a cada persona con corazón maternal, de manera concreta y generosa, y a dedicarnos al bien de los demás, especialmente de los más pobres. Una madre ama a sus hijos, aunque sean diferentes entre sí, a todos del mismo modo y con todo el corazón. También nosotros, ante la Madre del corazón, queremos prometer hacer lo mismo, esforzándonos sin medida para que a nadie le falte el amor y, con él, lo necesario para vivir dignamente y ser felices: para que quien pasa hambre tenga qué comer, para que todos los enfermos reciban los cuidados necesarios, para que a los niños se les garantice una educación adecuada, para que los ancianos vivan serenamente los años de su madurez. Una madre piensa en todas estas cosas; María piensa en todas estas cosas y nos invita también a nosotros a compartir su solicitud". 

Por la mañana, celebró la Santa Misa y explicó en la homilía: "Experimentamos la compañía del Señor sobre todo en la relación con Él, en la oración, en la escucha de su Palabra, que hace arder nuestro corazón como el de los dos discípulos, y sobre todo en la celebración de la Eucaristía. Es aquí donde nos encontramos con Dios. Por eso, hay que estar siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual. Permanezcan fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía. En ambas percibimos que el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, también nosotros vencemos la muerte que nos asedia y vivimos como resucitados".