El mundo se hace viejo. Esto parece evidente pero como no estoy muy seguro de lo que significa, mejor concluyan ustedes mismos.
La Iglesia vive de la Eucaristía (San Juan Pablo II) y la Eucaristía hace la Iglesia (Francisco) y como el mundo se hace viejo sería bueno que todo católico se propusiera, muy seriamente, vivir de Eucaristía. Esto sólo se logra comulgando cada día, convirtiendo la misa diaria en el centro de nuestra vida. Naturalmente, con las debidas disposiciones.
¿Todos los días? Sí, no es nada raro, desde que, a principios del siglo XX, ya plasmada la degeneración universal que vendría con el año 2000, San Pío X animó a todos a la comunión diaria. Y así, llegamos a la situación actual -2026- en la que se da la paradoja de que desciende el número de los que cumplen con el precepto dominical mientras aumenta el número de los que acuden a la eucaristía siete veces por semana. Son menos, claro, pero marcan tendencia.
Al Jueves Santo se le llama el Día del Amor fraterno, pero, sobre todo es el día de la Eucaristía. Recuerden que todo el Cristianismo se reduce a esto: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. En efecto, pero por ese orden.
Por tanto, el Jueves Santo es el Día del Amor fraterno... pero por ese orden: primero, es el día del amor a Dios y al Dios eucaristizado. Después, es el día del amor al prójimo, que es consecuencia del primero. Pero es que, además, no se engañen: el hombre que no comulga no puede amar a su prójimo. Entre otras cosas porque carece de un porqué para amar al vecino.











