No me apetece mucho hablar de Sakhira pero la noticia tiene su enjundia: resulta que los tribunales han dicho que Hacienda se equivocó y el fisco tendrá que devolver dinero a la cantante, más de 60 millones de euros.
Se da la circunstancia de que, como tantos contribuyentes, Shakira prefirió rendirse y pagar ante que pleitear. Otros famosos han hecho lo mismo, por ejemplo, Imanol Arias y otros han optado por resistir, por ejemplo Ana Duato y Xabi Alonso. Pero no nos engañemos: el riesgo de resistir es alto, bastante alto, sobre todo de reputación.
En el caso Shakira no me importan los pormenores, aunque las cifras sean altas. Me importa más la aceptación primera y la devolución última.
Y es que ya está bien de emplear el método Lola Flores. Creo que fue Carlos Solchaga quien lo inventó: la bailaora fue utilizada por Hacienda para acongojar al personal: si a un famoso le metemos un palo, todos los contribuyentes soltarán hasta el último chavo.
Es el Gobierno del miedo, del terror a la Agencia Tributaria. Una batalla donde, por cierto, el que calla otorga y si no te sometes a la Hacienda, tantas veces utilizada con fines políticos o de mera venganza personal, tu nombre, de entrada, será arrastrado por el fango, aunque la acusación de dicha agencia se acabe por mostrar bulo.










