Conocer nuestra historia y las razones de nuestras costumbres y tradiciones es fundamental para dar sentido pleno a lo que hacemos en el presente. La Semana Santa, que para todos nosotros estaba ahí desde mucho antes de que naciéramos, tiene un sentido profundo, religiosos y espiritual para muchos e histórico para todos. La sociedad laicista, que vacía de contenido al sentido trascendente de la humanidad, ha convertido los actos procesionales y otros tipos de celebraciones religiosas católicas en meros atractivos turísticos y que, sin embargo, la cultura católica sigue sosteniendo unas tradiciones que curiosamente cada día se arraigan más en cada pueblo o ciudad donde se celebra, incluso revitalizándose, como en San Sebastián, que recuperará las procesiones de Semana Santa 50 años después, gracias a un grupo de fieles sacará a las calles donostiarras cinco pasos en la noche del Viernes Santo, y el anuncio ha provocado una avalancha de inscripciones.

Volviendo al origen de todo, ¿cuándo y cómo evolucionó la Semana Santa hasta nuestros días? Desde la Pascua judía de los años 30 o 33 d.C., donde se decide crucificar Jesús de Galilea hasta nuestros días, la evolución de estas fechas ha sido importante, siempre sujetas a los tiempos históricos y el conocimiento o no de los que asistían por piedad al recordatorio de la muerte de Cristo. De hecho, la evolución no es litúrgica, si no conformada por los que deseaban celebrarla viviendo aquellos días.

En los primeros decenios del cristianismo, la conmemoración era muy austera. No existía una “Semana Santa” como tal, sino una vigilia pascual, una celebración anual centrada en la muerte y resurrección de Cristo. El núcleo no era la representación, sino la memoria viva de un acontecimiento salvífico. En el siglo II aparecen las primeras divergencias sobre cuándo debía celebrarse, lo que indica que la importancia de esta conmemoración estaba plenamente asentada. Algunos grupos la vinculaban directamente al calendario judío; otros comenzaban a fijarla en domingo, subrayando su identidad propia.

En la Edad Media nacen las cofradías y hermandades, que como hoy, eran asociaciones de fieles que organizan los cultos, cuidaban de los pobres y organizaban las celebraciones. Sin duda, estas organizaciones serán decisivas para el desarrollo posterior, especialmente en el ámbito hispánico

A partir del siglo IV -cuando el cristianismo deja de ser perseguido-, en Jerusalén, comienzan a organizarse celebraciones vinculadas a los distintos momentos de la Pasión. Ya es en un solo acto, si no que se desglosa en la entrada en Jerusalén, la Última Cena, la crucifixión y la resurrección. Ahora sí podemos habar del germen de la Semana Santa tal como la conocemos. Para una mayor explicación, introducen procesiones, lecturas dramatizadas y gestos simbólicos, con la intención de que los fieles pasen a la acción, no solo a la memorización de los hechos.

Sin embargo, durante la Edad Media, la Semana Santa se transforma profundamente. La Iglesia, consciente de que la mayoría de la sociedad es analfabeta, convierte a la Semana Santa en una catequesis viva y de una fuerza impresionante y se apoya en algo lo visual y narrativo posible y surgen las primeras representaciones dramáticas de la Pasión, que terminan de salir de los templos y el espacio público se convierte en el escenario.

En este contexto nacen las cofradías y hermandades, que como hoy, eran asociaciones de fieles que organizan los cultos, cuidaban de los pobres y organizaban las celebraciones. Sin duda, estas organizaciones serán decisivas para el desarrollo posterior, especialmente en el ámbito hispánico, donde alcanzarán una fuerza extraordinaria. La Semana Santa empieza a adquirir personalidad propia que combina lo religioso con lo social, como sucede hoy en día.

Hay un giro muy importante en el tiempo en la Edad Moderna, cuando en el Concilio de Trento marca territorio por la herejía luterana, que rompe con el tejido cristiano dividiéndolo en dos. La Iglesia católica es consciente de esto y potencia una religiosidad más visible, más emocional y más pedagógica. Es el contexto con el que hoy reconocemos la Semana Santa: procesiones, imágenes de gran realismo, música, itinerarios definidos y una participación masiva. La calle se convierte en escenario y la ciudad entera en espacio litúrgico. Pasa de la escenificación de la Edad Media en las plazas a recorrer las calles, a inundar la vida social con sus imágenes, vestimentas, velones e inciensos inundan las calles y las vidas de los habitantes de cada ciudad.

La Semana Santa es la coronación de la redención de todos los hombres. Nada de esto tendría sentido sin la muerte y resurrección del Hijo de Dios, como la Navidad sin el nacimiento del mismo hijo de Dios

La continuidad a lo largo de los siglos, explica en gran medida cómo la Semana Santa ha sabido adaptarse a contextos históricos muy distintos sin perder su sentido original. Ha incorporado elementos culturales, artísticos y sociales, pero sigue remitiendo al Cristo ajusticiado. Y si comparamos sus orígenes, la Semana Santa actual vemos que la sobriedad inicial centrada en la oración, ha dado paso a una celebración compleja, donde religión, arte, tradición y cultura popular es un solo todo. Y, sin embargo, el objetivo sigue siendo el recuerdo de la pasión, muerte y la resurrección de Cristo.

Pero, sobre todo, la Semana Santa es la coronación de la redención de todos los hombres. Nada de esto tendría sentido sin la muerte y resurrección del Hijo de Dios, como la Navidad sin el nacimiento del mismo hijo de Dios. Perder esto de vista, es cosificar, vaciar de contenido, una actuación magna solo llena de actos emotivos que duran lo que una pompa de jabón. Estas maravillas que vemos en nuestras ciudades, deben traspasarnos en nuestro interior, llevarnos al propósito de enmienda y devolver la mirada al sentido última de nuestra eternidad.

Semana Santa sin filtros (Almuzara), de Darío Fernández del Moral. ¿Qué tiene la Semana Santa para despertar tanta expectación cada año? ¿Por qué emociona hasta el punto de estremecer con una marcha? ¿Cómo ha trascendido de templos y calles a redes, publicidad o videojuegos? El autor ofrece una mirada directa y desenfadada: una guía ágil que recorre tradición, impacto y cultura cofrade, explicando con humor y claridad por qué esta celebración sigue movilizando multitudes dentro y fuera de Andalucía.

Historia desconocida de la Pasión de Cristo (Sekotia), de Luis Antequera. Este libro es una joya que hay que tener, leer y repasar, porque nos traslada a una historia paralela a la Pasión de Cristo, donde nos sitúa en el contexto de la época para poder comprender por qué pasó lo que pasó: su contexto religioso, social y político. El autor, que también escribió Crucifixión, es un experto en narrar y divulgar la historia que merece mucho seguir de cerca.

La muerte de Cristo (Encuentro), de Joseph Ratzinger. El Viernes Santo interpela a todo cristiano y a quien busca la verdad: ¿cómo puede un ajusticiado, vencido en apariencia, ser el salvador? ¿Qué vínculo une dolor y redención? La clave está en la relación entre amor y sufrimiento, núcleo de la cruz. El Sábado Santo, marcado por la espera, ilumina ese misterio: una tensión entre oscuridad y luz, donde el bautismo y la Pascua revelan una vida transformada por la esperanza. Brevísimo libro con meditaciones del papa Benedicto XVI sobre los días clave de la Semana Santa.