Lo cuenta Isabel María, en primera persona. "El chico que intentó abusar de mí es de raza negra y no es la primera vez que comete este delito". "Tantos hombres que vienen de otros sitios no tienen que venir, porque lo que pasa es esto. Han intentado matarme". 

La agresión se produjo cuando la víctima, una camarera que salía de su turno de trabajo, caminaba por la zona de La Loba, cerca de una parada de autobuses y del río Guadiana. Según el testimonio de su hermano, el agresor la abordó por detrás, aplicándole una llave conocida como «mataleón», la tiró al suelo y comenzó una agresión sexual y física extrema que duró entre 15 y 20 minutos.

En un momento de la pelea, el agresor le introdujo los dedos en la boca y tiró hacia afuera con tal violencia que le rajó la tráquea. También le metió los dedos en los oídos, provocándole hemorragias. La joven comenzó a asfixiarse con su propia sangre y, para evitarlo, se la tragó. El atacante entonces la agarró del cuello con ambas manos, la tiró al suelo y continuó asfixiándola hasta que ella empezó a perder el conocimiento. En esos instantes, la víctima llegó a confesarse y pedir perdón a Dios, pensando que iba a morir.

La joven menciona al alcalde de Mérida, el socialista Antonio Rodríguez Osuna, "y todos los que están con él", que según Isabel se lo han tenido "callado" y han tenido suelto al agresor, "abriéndoles las puertas a todos", hasta que a mí "me ha podido quitar la vida". 

"Hoy he sido yo, dice Isabel, mañana no se sabe. Son muchos y cada vez son más", por lo que hace un llamamiento a "parar esto". 

Por cierto, a la hora de escribir este artículo, feministas, como Irene Montero o la actual ministra de Igualdad, Ana Redondo, una vez más, callan ante este tipo de delitos. ¿Por qué será?