A un Gobierno democrático hay que exigirle que se relacione con todo tipo de dictaduras pero que no calle jamás.

A una empresa que trata con dictaduras no puede exigírsele tanto, porque en el exterior dependes del tratamiento que cada cual quiera darte pero sí se le puede exigir, al menos, que no muestre un desbordante entusiasmo.

Telefónica acaba de adquirir el 8,3% de UNICOM, una empresa que, como todas las corporaciones chinas, dependen para todo del Gobierno de Beijing. Un éxito empresarial, sin duda, porque el país con mayor potencial de crecimiento en todos los segmentos de telefonía, también Internet, es China.

Pero a mí no me gusta, como no me gusta que también coquetee con Beijing empresas como BBVA, Caja Madrid, etc. O que Repsol tontee sin decir ni mú con el dictador Hugo Chávez o con la Libia de Gaddafi.

Un poco de dignidad señores. Probablemente estén obligados a hacer lo que tiene que hacer, pero no muestren una especial ilusión en ello. Ni Telefónica puede alejarse del mejor mercado del mundo ni Repsol de la Cuenca del Orinoco, probablemente la mayor reserva de petróleo del mundo pero... ustedes me entienden. ¿Se puede hacer negocios sin renunciar a los principios? Sí, mientras no se legitime al dictador. ¿Se puede hacer diplomacia con el tirano? Sí, mientras se hable sobre el desprecio de ese tirano hacia los derechos humanos.

Eulogio López

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