El agredido Hermann Tertsch asegura que José Luis Rodríguez Zapatero ha enfrentado a las dos españas y nos ha llevado a una especie de guerra civil fría. Hombre Hermann te perdonamos porque estás herido pero, en otras ocasiones, te he visto profundizar mucho más allá de la obviedad.

 

En el otro lado de la piscina, el inefable José Miguel Monzón, o sea el Gran Wyoming, asegura que es víctima y no verdugo. Pero aquí no tengo nada que decir, porque Alfonso Ussía lo ha vuelto a contar mucho mejor que yo y de forma más divertida.

No, lo mío va de culpas y culpabilidades. ¿Es Wyoming responsable de la agresión a Hermann Tertsch? Sí, lo es, pero estoy seguro que él no la encargó. No posee ni ese grado de coraje y su aversión al riesgo es muy superior. Sin embargo, sí es culpable, es culpable de contribuir a crear una atmósfera, una atmósfera de enfrentamiento. Y ahí sí que le doy toda la razón a Tertsch: en efecto ZP ha recuperado el guerracivilismo que había ido agonizando con la transición y muerto con el siglo XX. España lleva toda la modernidad, desde el ilustrado Carlos III -una marioneta, el pobre- en permanente guerra civil entre izquierdas y derechas, moderados y progresistas y, en global, entre cristianos y comecuras.

El guerracivilismo de ZP tiene, además, el inconfundible aroma del cainismo, es decir, de quien piensa que es mucho más importante fastidiar al prójimo que enfrentarse al extraño, razón por la cual llevamos 250 años recibiendo tortas del exterior.

Insisto: no vivimos en la era de las conspiraciones, sino del consenso. El líder es aquel que sabe ponerse a la cabeza de lo políticamente correcto con más prontitud, siguiendo el lema de los comunicadores norteamericanos. No digas lo que la gente no está dispuesta a creer, aunque sea cierto. El Wyoming es un líder de lo políticamente correcto, como lo es ZP. Entre ambos no conseguirían escribir un pensamiento coherente pero absorben el tópico -vivimos en la sociedad del tópico- con una rapidez inusitada.

No hace falta contratar un matón para que le dé una paliza a Tertsch: basta con crear el ambiente necesario para que toda voz crítica al poder resulte estridente e insoportable, con lo que cualquier energúmeno la emprenderá a golpes con el disidente. ¿Por qué? Porque Hermann le caía mal y el bueno de Monzón le calentó la cabeza y justificó su acción. No, no creo que el agresor sea un matón pagado, un mercenario, creo que se trata de un energúmeno sin seso (a lo mejor con mucho sexo, pero sin un adarme de seso).

Eulogio López

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