Mañana empieza la Cuaresma, con el Miércoles de Ceniza, es decir, el memorial de la redención: un Dios que se anonada por el hombre y se deja clavar en una cruz para redimir al género humano.

La Cuaresma no es triste, porque el Viernes Santo da paso al Domingo de Resurrección. Pero el amor conlleva dolor. El amante no tiene nada de masoquista: acepta el dolor sólo cuando es necesario pero el amor se acrisola con el dolor. 

Y entonces viene lo asombroso. Las normas canónicas están muy claras: todo mayor de edad y hasta los 64 años debe guardar abstinencia todos los meses de Cuaresma y, dos días: Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, además de la abstinencia de carne, se exige ayunar.

Vamos que el 5 de marzo y el 18 de abril todos los católicos tienen obligación de no comer carne y de ayunar esto es, de comer menos de lo que comen habitualmente. Los hay -millones y millonas- que, por guardar la figura, hacen sacrificios mucho más fuertes y hasta antinaturales.

Y lo que ahora me interesa es algo tan simple como esto: he oído anunciar el Miércoles de Ceniza en las parroquias desde hace 10 días pero no he oído, en ninguno de esos avisos, la necesidad fe ayunar el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Y así, la inmensa mayoría de los cristianos ni se enterarán de una obligación que no ha prescrito.

Aquí hay algo que falla.

Eulogio López

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