Su Majestad Felipe VI nos ha sorprendido a todos con su discurso de la Nochebuena: ha pedido luchar (no podían imaginárselo, ¿verdad?) contra la "lacra cobarde" de la violencia de género, entendida ésta naturalmente, no como la que ejerce la mujer contra su hijo nonato en el aborto y la anticoncepción, por ejemplo, sino la que ejerce en exclusiva el sexo masculino contra el femenino . Éste ultimo que, como es sabido, es santo en su totalidad, y no comete violencia alguna, siempre es víctima, jamás verdugo, ha sido defendido por el Monarca con una alusión al silencio al que se ven sometidas tantas mujeres y que recuerda la cita de Giovanni Guareschi: "Si no tuvieran el consuelo de hablar, ¿cómo podrían sobrevivir estas pobres mujeres condenadas a sufrir en silencio?". Sólo le faltaba esto a SM Felipe VI. Estamos ante el Rey del tópico, no sólo previsible sino, lo que es más grave, programable. Ejemplo, emplea el lenguaje masónico de los "valores cívicos", con la confusión habitual entre principios y conclusiones. Verbigracia, ni el diálogo ni la pluralidad son valores: son una consecuencia del principio cristiano que considera a la persona sagrada, por hijo de Dios, merecedora de todo respeto y consideración por su filiación divina. De ahí surge la necesidad de diálogo, de escuchar al otro, y de pluralismo, de defender la libertad ajena aunque me repugne lo que diga. ¡Ah!, y no se cede ante las ideas, se cede ante las personas. Pero Majestad: ni el diálogo ni el pluralismo constituyen principios. El cambio climático, tampoco. Más bien son finales. ¡Menos mal que era un discurso de Nochebuena! Eulogio López [email protected]