La diversidad empresarial también tiene su reflejo en la industria musical. Así queda patente en un nuevo episodio de ‘El Poder de las Empresas, el pódcast de los que hacen’, de Banco Sabadell, donde Hugo Albornoz, socio fundador y CEO de ShareMusic!, conversa con Fran Perea sobre el camino que transforma una idea creativa en un proyecto capaz de crecer, conectar con el público y generar nuevas oportunidades.

Porque detrás de cada canción, espectáculo o gira hay mucho más que inspiración. También hay equipos, estructura, inversión y visión empresarial. Fran Perea es un buen ejemplo de ello. Además de su conocida trayectoria como actor y músico, está al frente de una compañía teatral, varios espacios escénicos, un sello discográfico y una oficina de management artístico. Una faceta que, según explica, le apasiona porque le permite dar forma a las ideas de los artistas y construir la estructura necesaria para que los proyectos creativos prosperen.

Perea es actor y músico, pero también empresario (tiene una compañía de teatro, unos teatros en Madrid, un sello discográfico y una oficina de management); Albornoz es socio fundador de ShareMusic!, una promotora de música enfocada en la nostalgia que hace volver al lugar donde son felices a cientos de miles de personas al año

Hugo Albornoz y Fran Perea
Hugo Albornoz y Fran Perea

Por su parte, Hugo Albornoz lidera ShareMusic!, una compañía especializada en eventos y festivales musicales de carácter nostálgico que cada año reúne a cientos de miles de personas en torno a experiencias que combinan música, tecnología y emociones compartidas. Una propuesta con una identidad muy definida que empezó a tomar forma mucho antes de que ShareMusic! existiera como empresa.

Su historia se remonta a cuando era adolescente y descubrió, casi por casualidad, todo lo que ocurría detrás de un escenario. Tras años de formación musical obligada, quedó fascinado por la tecnología y la puesta en escena que observó por primera vez en la discoteca madrileña Capital. “Yo tenía prohibidísimo ir a discotecas, así que iba a buscar entradas de cine que me sirvieran de coartada en casa y me tiraba cinco horas en la cabina de luces viendo cómo era todo el panel. Creo que ahí nació nuestra obsesión por ofrecer experiencias diferentes en cada evento”, relata.

Aquellos años coincidieron además con una transformación del ocio nocturno en Madrid. La aparición de nuevas formas de programación y segmentación del público impulsó la figura del promotor musical, capaz de diseñar propuestas diferenciadas para cada audiencia. En ese contexto, Albornoz comenzó a organizar fiestas y eventos que pronto atrajeron a miles de asistentes. “Empezamos creando comunidades mucho antes de que existieran las redes sociales tal y como las conocemos hoy. Ese crecimiento nos llevó a profesionalizar el proyecto y constituir la empresa”, señala.

Albornoz reconoce que siempre le ha atraído “el mundo del espectáculo, donde la música actúa como elemento vertebrador”. Sin embargo, considera que durante mucho tiempo la puesta en escena y las grandes producciones se desarrollaron menos desde España

Con el proyecto ya en marcha, Albornoz abrió una oficina y recurrió a financiación para adquirir un ordenador Mac, una inversión importante para la época que simbolizaba su apuesta por profesionalizar el negocio. El nombre de ShareMusic! surgió de la unión de dos de sus grandes pasiones, la música y la publicidad, inspirándose en el término televisivo share (cuota de mercado).

Reconoce que siempre le ha atraído “el mundo del espectáculo, donde la música actúa como elemento vertebrador”. Sin embargo, considera que durante mucho tiempo la puesta en escena y las grandes producciones se desarrollaron menos desde España, ya que gran parte de los promotores se limitaban a adquirir giras ya diseñadas. Fran Perea coincide en que la creatividad aplicada al directo ha ganado protagonismo en los últimos años. “Antes ibas a un concierto y era una canción tras otra; no existía esa cultura de la creatividad en el escenario”, apunta.

Fran Perea

Los comienzos de Fran Perea fueron muy distintos. En sus primeros años en Málaga compaginaba la música y la interpretación en proyectos que salían adelante gracias al esfuerzo del propio equipo. “No teníamos a nadie que nos apoyara. Hacíamos de todo: montaje, actuación, producción...”, recuerda. Aquella experiencia despertó en él un interés especial por lo que ocurría detrás del escenario. “Me gustaba dar la cara como creador, compositor y músico, pero también me fascinaba toda esa parte que hace posible que un proyecto salga adelante”.

Al llegar a Madrid decidió no esperar a que las oportunidades llamaran a su puerta. “Siempre me ha parecido peligroso depender de que te llamen”, explica. Por eso fue construyendo una estructura profesional que le permitiera sostener su carrera en distintas etapas y diversificar su actividad. Una filosofía que ha aplicado tanto al teatro como a la música y que le ha llevado a ampliar horizontes para depender cada vez menos de factores externos.

El hecho de haber tenido que hacer de todo en sus inicios (montaje, actuación, producción...) despertó en Perea un interés especial por lo que ocurría detrás del escenario: “Me gustaba dar la cara como creador, compositor y músico, pero también me fascinaba toda esa parte que hace posible que un proyecto salga adelante”

El primer paso fue la creación de su compañía de teatro. El proyecto nació como una asociación, pero pronto entendieron que debían profesionalizarlo. “Tocó crear una sociedad limitada, trabajar con gestorías, hacer presupuestos y empezar a dar forma a una estructura que nos permitiera saber dónde estábamos y hacia dónde íbamos”, recuerda. La prueba de fuego llegó con la segunda producción de la compañía. Solo levantar el telón suponía una inversión cercana a los 100.000 euros y no disponían de esos recursos. “Tuvimos que buscar inversores como locos. Incluso renunciamos a parte de la gira para poder salvar el montaje”, relata. Finalmente lograron sacar adelante el proyecto, recuperar la inversión y obtener beneficios, aunque para ello también fue necesario recurrir a una línea de crédito bancaria.

En ese recorrido, tanto Perea como Albornoz coinciden en que hay un elemento imprescindible para emprender: la confianza. “Lo más importante es creer en ti, incluso cuando tú mismo dudas”, afirma el fundador de ShareMusic!, recordando los momentos de incertidumbre vividos durante la pandemia, cuando el futuro de la música en directo parecía una incógnita. Perea reconoce que aquella etapa fue especialmente complicada, aunque prefiere quedarse con lo que ocurrió después: “La música en vivo volvió con una fuerza increíble”.

Albornoz destaca que, en aquel contexto, el apoyo financiero resultó decisivo para muchas empresas del sector. “El banco lo vio antes que yo; apostó por nosotros incluso cuando nosotros todavía no teníamos la claridad suficiente para imaginar cómo sería la recuperación”, señala.

“El banco lo vio antes que yo; apostó por nosotros incluso cuando nosotros todavía no teníamos la claridad suficiente para imaginar cómo sería la recuperación”

Superada aquella etapa, la conversación se dirige hacia otro de los grandes debates de la industria: si el auge de los festivales y las experiencias en vivo responde a una tendencia sostenible o a una posible burbuja. Albornoz responde con contundencia: “Llevo diez años escuchando que hay una burbuja”. A su juicio, la evolución del mercado apunta en otra dirección. Después de años de hiperconexión digital, las personas valoran cada vez más los encuentros presenciales y las experiencias compartidas.

“La sobresaturación digital ha hecho que la conexión humana tenga todavía más valor», sostiene. Y cree que la irrupción de la inteligencia artificial puede reforzar aún más esta tendencia. «Si llega un momento en que no sabemos distinguir qué es real y qué no detrás de una pantalla, la única forma de comprobarlo será a través de experiencias reales con otras personas”.

Hugo Albornoz

Perea comparte ese diagnóstico y defiende que, en plena expansión de la IA, lo que realmente marcará la diferencia será aquello que nos hace humanos. “La experiencia compartida, poder emocionarte, reír o llorar junto a otras personas, es algo que ninguna tecnología puede sustituir”. Sin embargo, también advierte del impacto que ya tienen las plataformas digitales en el trabajo creativo. “Han democratizado la música, pero al mismo tiempo nos obligan a estar trabajando constantemente para ellas. Esta semana no he compuesto ni he cogido la guitarra porque he estado grabando vídeos para redes sociales. No podemos perder de vista dónde debe estar el foco: en la creatividad”.

¿Qué significa ser de los que hacen? Para Albornoz es “ayudar a otras personas a hacer realidad su visión”. Perea comparte esa idea y subraya: “Me gusta la gente que tiene hambre, iniciativa y ganas de hacer cosas”

Perea pertenece a una generación que vivió otra industria musical. “Llegué a vender 600.000 discos con mi primer álbum, algo que hoy es impensable”, recuerda. Aunque asume que el sector está cambiando, le preocupa el impacto que el auge de los festivales está teniendo sobre la música de salas, uno de los espacios que tradicionalmente han permitido crecer y consolidarse a cientos de artistas. Albornoz, por su parte, destaca que “España se ha convertido en una potencia en turismo musical”, con un volumen de giras y eventos que refleja una transformación global del sector.

Precisamente en ese contexto han cobrado fuerza los festivales de nostalgia impulsados por ShareMusic!, un formato que combina la emoción de revivir determinadas épocas musicales con experiencias diseñadas para públicos de distintas generaciones. Una muestra de cómo la industria sigue reinventándose para responder a nuevas formas de consumir cultura y ocio.

En la recta final del episodio, ambos reflexionan sobre qué significa ser de los que hacen. Para Albornoz, consiste en “ayudar a otras personas a hacer realidad su visión”. Perea comparte esa idea y reivindica el papel de las empresas como herramientas que permiten transformar canciones, espectáculos o giras en proyectos reales. “Me gusta la gente que tiene hambre, iniciativa y ganas de hacer cosas”, concluye.

Una filosofía que resume el espíritu de quienes convierten la pasión por la música en proyectos capaces de perdurar, crecer y generar nuevas oportunidades para otros.