Libros forrados, mochilas preparadas, y material escolar listo para empezar el curso. Sin embargo, para las familias de niños con alergias, con asma, o con riesgo de anafilaxia, la vuelta al colegio exige una planificación adicional. Los especialistas recuerdan la importancia de actualizar el informe médico, de revisar las dosis de la medicación en función del peso actual del menor, y de facilitar al centro educativo un protocolo claro de actuación ante una posible reacción.
Así, desde las alergias alimentarias hasta las crisis asmáticas, disponer de la medicación adecuada, y asegurarse de que el profesorado sabe cómo utilizarla puede marcar la diferencia durante la jornada escolar.
La doctora Vanessa Rodríguez García, jefa de Servicio de Alergología del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo de Madrid, aconseja siempre antes de empezar el nuevo curso escolar, visitar de nuevo la consulta del alergólogo para que éste actualice el informe médico de los niños.

“La actualización del informe médico es clave al inicio del nuevo curso escolar. No vale con el del año pasado. Hay que actualizar tanto las alergias antiguas como las nuevas que puedan haber aparecido en verano”, sostiene esta especialista.
Cuidado si es una alergia, especialmente alimentaria
“Su alergia también deberá estar lista para ser tratada en caso de reacción en el ámbito escolar. Por eso, los papás de aquellos niños que presentan alguna alergia (especialmente si es alimentaria) deben arreglar la bolsita con la medicación”, defiende esta experta.
En concreto, si el niño tiene una alergia alimentaria y desayuna o come habitualmente en el colegio, defiende esta alergóloga que es muy importante avisar a los profesores sobre qué alergia tiene y qué medicación se le debe administrar en cada momento, según los síntomas que presente.
Preparar una bolsita con la medicación del niño
Por eso se aconseja, tal y como afirma esta especialista de Ruber Juan Bravo, preparar una bolsita con toda la medicación del niño: “Dentro de ella se ha de incluir tanto la medicación, como el informe médico con las dosis exactas, y con los pasos a seguir de una forma clara y fácil de entender para que, si surge la necesidad de administrarla en el horario escolar, no se cree confusión o dudas al profesorado”.
Para ello, argumenta nuevamente la doctora Rodríguez García la idoneidad de acudir a la consulta del alergólogo, donde se procederá previamente a reajustar la medicación en función del peso del menor, ya que en verano el niño puede haber cogido o perdido algún kilo. “Por tanto, las dosis de los jarabes (antihistamínicos, corticoides) deben ser revisadas antes de llevar el informe al colegio”, continúa.
Qué hacer ante un caso de anafilaxia en el colegio
En este escenario, esta alergóloga ve conveniente recordar que la anafilaxia tiene lugar en el 1% de los niños, un porcentaje que está aumentando, según afirma la Asociación Española de Pediatría. Se trata, según explica, de la reacción alérgica más grave que puede producirse, pudiendo ocasionar la muerte. En concreto, apunta que los alimentos son su causa más frecuente (huevos, pescado, leche, legumbres, y frutos secos), pero también las picaduras de avispa o de abejas.
“En aquellos casos en los que el alergólogo paute la pluma precargada de adrenalina por riesgo potencial de anafilaxia es conveniente que, junto a la misma, estén las indicaciones de cómo administrarla, ya que no es algo intuitivo y se debe conocer su manejo”, destaca la doctora Rodríguez.
Eso sí, concluye advirtiendo esta alergóloga de Ruber Juan Bravo de que no sólo los alérgicos a alimentos deben tener su medicación lista, sino que cualquier niño que sea asmático, que tenga hiperreactividad bronquial, o bien facilidad para que “los catarros se le compliquen”, debe tener su inhalador en el colegio. “Y es que, dado que los menores pasan muchas horas en el colegio, en cualquier momento (en clase de gimnasia, en el recreo corriendo…) se les puede desencadenar una crisis de asma”, concluye esta doctora.
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