Recogía ayer Hispanidad que, en Bolivia, fuerzas izquierdistas afines a Evo Morales se han encaminado hacia la capital, La Paz, para exigir la dimisión del presidente derechista Rodrigo Paz.
Paz llegó al poder tras ganar las elecciones del 19 de octubre de 2025, con estas palabras: “Dios, la familia y la patria son la base de nuestro compromiso”. “Sabemos los bolivianos que la ideología no da de comer. Lo que da de comer es el derecho al trabajo, lo que da de comer es la propiedad privada, la certidumbre”.
Palabras que no han sido perdonadas por el izquierdismo boliviano, que se ha movilizado con la excusa de protestar contra las medidas económicas de Paz. Pero, en realidad, para forzar su dimisión. Tanto es así que el Gobierno ha denunciado la presencia en las protestas de grupos armados.
Y mientras, la Administración Trump le ha mostrado su apoyo a Rodrigo Paz para restablecer “el orden en favor de la paz, la seguridad y la estabilidad del pueblo boliviano”. Y ha condenado las “acciones destinadas a desestabilizar” al Gobierno boliviano.
Ayer mismo, el vicesecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, denunciaba: «Se trata de un golpe de Estado que está en marcha. No nos equivoquemos al respecto; es un golpe financiado por esa alianza perversa entre la política y el crimen organizado en toda la región», recoge Infobae.
«No puede ser que tengamos un proceso democrático, en el que él fue elegido de manera abrumadora por el pueblo boliviano hace menos de un año, y que ahora haya manifestantes violentos bloqueando las calles», ha añadido Landau.
Por contra, ese ultraizquierdista llamado Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, ha pedido a la Administración Trump «no atacar» al expresidente boliviano Evo Morales y ha defendido a los cultivadores de coca de Bolivia: «No hay que confundirles con el narcotráfico».











