
El verano del año en que se celebran las elecciones de mitad de mandato ha sido tradicionalmente el escaparate donde se presentan los candidatos que pretenden luchar por la presidencia dos años después, de hecho muchas campañas presidenciales comienzan nada más conocerse los resultados de las urnas.
En el flanco republicano, únicamente suenan dos nombres para suceder a Trump como candidato presidencial republicano, quien ya no puede presentarse a un tercer mandato por la Vigesimosegunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos: el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio. Ninguno de los dos ha anunciado todavía su candidatura pero, como ya hemos comentado en Hispanidad, el propio Trump ha bendecido un ticket electoral conjunto entre ambos, que ha definido como “imparable”.
Por su parte, en el lado demócrata, la situación es más incierta por cuanto existe un importe abanico de posibles precandidatos, pero ninguno parece sobresalir por encima de los demás.
Como ya contamos en Hispanidad, a pesar de su aplastante derrota en las presidenciales de 2024, la exvicepresidenta, Kamala Harris, lleva varios meses efectuando una intensa actividad pública con el propósito de volver a intentar una nueva aventura presidencial.
Lo mismo puede predicarse con respecto al gobernador de California, Gavin Newsom, y al multimillonario progresista gobernador de Illinois, JB Pritzker, quienes no ocultan asus ambiciones presidenciales, y en las últimas semanas, dada la cada vez mayor influencia que tiene el sector de extrema izquierda del partido que tiene como referente intelectual al senador octogenario, Bernie Sanders, candidato en las primarias presidenciales de 2016 y 2020, es muy probable que pueda patrocinar a un candidato que reúna simpatía entre las cada día más extremistas bases del partido. Podría ser el momento de la congresista por Nueva York, Alexandria Ocasio Cortez, o del alcalde de Nueva York, el “socialista y musulman”, Zohran Mamdani, máxime cuando contamos en Hispanidad la semana pasada, una tercera parte de las bases demócratas se considera “socialista”, algo impensable en la historia de EEUU.
Pues bien, en ese amplio abanico de demócratas que sueñan con la Casa Blanca, esta semana ha sido el turno del exsecretario de Transporte de la Administracion Biden Harris e icono LGTBi, Pete Buttigieg. Conocido popularmente como “alcalde Pete” por cuanto cuando presentó su candidatura en las primarias presidenciales demócratas de 2020 ostentaba la alcaldía de la ciudad de South Bend, en Indiana. Tras un comienzo fuerte en las primarias de aquel año, acabó por unirse al aparato del partido para impulsar la candidatura de Joe Biden con el fin de bloquear a Bernie Sanders. Biden le premió con un puesto en su gabinete, y ahora Buttigieg regresa a escena, dejando entrever una nueva candidatura presidencial, que con casi total seguridad presentará en pocos meses, y lo hace recogiendo las ideas más liberticidas de la era Biden Harris. Así, ha señalado su intención de incrementar el número de jueces del Tribunal Supremo y de eliminar el sistema de elección presidencial a través del colegio electoral.
Recuerden que como contamos en Hispanidad, uno de los planes de Biden en la Casa Blanca era la reconquista progresista del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Tras el fallecimiento de la sectaria y progresista magistrada, Ruth Bader Ginsburg, y su sustitución por la católica y conservadora, Amy Coney Barrett, en 2020, se desató la histeria progresista en Estados Unidos, ya que suponía que, por primera vez en la historia reciente, los conservadores ostentaban una mayoría en el Tribunal Supremo de cinco a cuatro.
Por aquel entonces, muchas voces del Partido Demócrata reclamaron al entonces candidato demócrata Joe Biden que, en caso de ser elegido presidente, aumentara de 9 a 12 el número de magistrados para volver a retener el control progresista en la Corte Suprema. Tras asumir el poder, Biden anunció la creación de una comisión para estudiar la posibilidad de ampliar el número de miembros de la máxima instancia judicial del país. El demócrata no logró cumplir sus intenciones, por cuanto las garantías constitucionales estadounidenses funcionaron, pero sólo el hecho de que un antiguo miembro de su gabinete pretenda rescatar esa propuesta como base para una candidatura presidencial es cuanto menos inquietante.












