No se trata de una mera anécdota, es mucho más: los ayatolás iraníes han abierto una nueva era de barbarie: ahora ofrecen una recompensa de 10 millones de dólares por asesinar a Barron Trump. Es decir, no al presidente norteamericano, que sería lo suyo, sino a su hijo... de veinte años de edad, seguramente como responsable de los bombardeos sobre Irán.
Un vídeo difundido en la tele pública persa indica donde estudia Barron y hasta la distancia que mantienen los guardaespaldas que le protegen.
Irán ha abierto una nueva era de salvajismo que echa por tierra tanto las leyes de la guerra como la historia diplomática moderna (no es gran cosa, pero es lo único que tenemos).
Desde un Estado soberano, desde un gobierno, se amenaza de forma mafiosa, no al enemigo, sino a la familia del enemigo.
Habíamos olvidado que los ayatolás son fanáticos y retorcidamente crueles. Y aún hemos descubierto algo peor: hemos descubierto que a la Europa cobarde del siglo XXI le asusta el fanatismo islámico y asegura que esta guerra no es su guerra. ¿No es su guerra cuando Europa sufre una invasión islámica civil que amenaza con destruir, desde dentro, sus raíces cristianas, sin las cuales Europa deja de tener sentido.
Y hay un peligro añadido, Trump ha fracasado en Irán y ha roto la unidad de Occidente. Como diría Kissinger matan difícil es ser enemigo de Estados Unidos como ser su amigo.
Digo que esto es peligroso porque asoma en le horizonte la tentación de usar el arma nuclear, es decir, la conversión de la guerra en aniquilamiento del adversario.
Oiga, y Naciones Unidas en ningún caso ha condenado la actitud de los ayatolás iraníes, dispuestos a pagar por asesinar a un jovencito... por ser hijo.
Ya no estamos luchando por el mantenimiento de la paz sino por el mantenimiento de la civilización. Está claro que hemos entrado en una nueva era... y está claro que el régimen de los ayatolás debe caer, de grado o por fuerza.










